Editorial

La justicia respira

Con el veredicto de un jurado de Minneapolis que declaró culpable al exagente de policía Derek Chauvin del asesinato involuntario del afroamericano George Floyd, el sistema de justicia de Estados Unidos se hace merecedor de la confianza de una sociedad severamente fracturada por un crimen definido como de odio racial.

En una llamada telefónica al hermano de Floyd, el presidente Joe Biden se declaró aliviado por el veredicto y afirmó que aunque nada va a hacer que las cosas mejoren del todo, al menos ahora hay algo de justicia.

La vicepresidenta Kamala Harris dijo que el veredicto marcará «un punto de inflexión» en Estados Unidos, y señaló que tanto ella como Biden se comprometieron a impulsar más reformas sobre las prácticas policiales en el país.

George Floyd murió asfixiado, tendido en el suelo y esposado, después que el policía Chauvin le colocó la rodilla sobre su cuello por más de ocho minutos, sin hacer caso a la súplica de “no puedo respirar”, un suceso que provocó estallido de protesta en todo Estados Unidos y a nivel mundial.

Han sido muchos los casos de muerte o violencia policial contra afroamericanos desde cuando se promulgó la ley de derechos civiles impulsada por el reverendo Martin Luther King, asesinado en Memphis, Tennessee, el 4 de abril de 1968, pero la muerte de Floyd, como dijo su hija Gianna, estuvo destinada a cambiar al mundo.

Los miembros del jurado decidieron de manera unánime que Chauvin, de 45 años, es culpable de asesinato involuntario en segundo grado, penado con hasta 40 años de cárcel; asesinato en tercer grado, con una condena máxima de 25 años, y homicidio involuntario en segundo grado, que acarrea hasta 10 años de privación de libertad.

El juez Peter Cahill dijo que dentro de ocho semanas se emitirá la sentencia, aunque se adelantó que la pena de prisión no excedería los 12 años, debido a que el condenado no ha tenido caso pendientes con la justicia. Aun así, el veredicto renueva débiles esperanzas de que algún día será erradicada toda expresión de racismo y discriminación en Estados Unidos y en el mundo.

Ojalá que la histórica decisión ayer de la justicia estadounidense que declaró culpable al autor de un asesinato movido por el odio racial, sea tan trascendente para la humanidad como la liberación de Nelson Mandela, que marcó el fin del apartheid en Sudáfrica. Y que nunca más se repita el “no puedo respirar”.

El Nacional