Editorial

  La maternidad

  La maternidad

En la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia nacen de  70 a 80 niños por día; dos mil 400 por mes y  casi 24 mil  al año, para  figurar entre los hospitales  con mayor  número de alumbramientos en el mundo, pero  el Estado dominicano no sabe aún qué hacer con tanta gente.

Durante  el período 2000-2009 nacieron en ese lugar 220 mil 535 niños, una impresionante cifra aun para un hospital de referimiento como ese que opera desde hace 60 años, porque hoy en día   otros muchos  centros públicos y privados son especializados en maternidad o poseen áreas afines.

Por tratarse de un hospital público, a esa maternidad acuden  embarazadas  provenientes de familias de  menores ingresos o en condición de marginalidad, por lo que  debería motivar preocupación de las autoridades el futuro de tantos niños que nacen sin el pan debajo del brazo.

El director, doctor  Juan Cid Troncoso,  ha revelado que el 60 por ciento de las mujeres que dan a luz en la maternidad son “pacientes que llegan  a la emergencia  a parir casi al momento, con problemas de hipertensión, diabetes, anemia, cáncer de mama, tuberculosis,  alteraciones de los riñones, tiroides e infecciones”, lo que obliga a los médicos a emplearse a fondo en cada caso para poder salvar la vida de la madre y de la criatura. Duele decirlo, pero ese hospital de maternidad como otros centros similares  se constituyen en factorías de parturientas que alumbran  sin ningún control y, lo que es peor, miles de niños nacen para ser enviados de inmediato a un hábitat de miseria y exclusión, como si fueran condenados a  cumplir alguna condena divina.

Sin poder hablar de  control de la natalidad o de maternidad responsable, hay que invocar  el drama de 70 a 80 bebés que cada día  nacen en la maternidad La Altagracia, hijos de vientres sin nombres, condenados a sufrir las calamidades  en una sociedad injusta que administra y distribuye inequidad. ¿Cómo hablar de justicia y modernidad ante tan dantesco cuadro?

Dignidad

El Gobierno dominicano ha asumido una posición digna y responsable al suscribirse durante la Cumbre de Tuxtla, celebrada en Colombia, al grupo de naciones del continente que rechazan la pretendida iniciativa que  se encamina en Estados Unidos y otros países de legalizar el consumo y comercio de marihuana.

En esa reunión,  presidentes y jefes de Estado  rechazaron la idea de legalizar uso y consumo de marihuana y cocaína como se promueve en  naciones de gran consumo de drogas controladas, al señalar que el combate al narcotráfico y crímenes conexos  exige un auténtico compromiso regional que incluya el abordaje a los problemas de producción y distribución de  estupefacientes.

En metrópolis como California se pretende convertir  el tráfico de marihuana en un negocio  que reportaría  enormes beneficios a ese estado de la Unión americana,  sin importar las consecuencias  de incremento del terror y el crimen que abate a naciones tildadas como productoras o puentes en  el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

El vicepresidente Rafael Alburquerque fungió de noble mensajero del sentir del pueblo dominicano que rechaza el burdo plan de legalizar las drogas   con la intención de que los  enormes capitales que  genera esa asqueroso industria se queden del lado del Potomac y la criminalidad se adueñe del resto de toda América.

El Nacional

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