Estamos seguros de que, cada tarde, al llegar de la escuela, soltabas la mochila y corrías a sentarte frente al televisor. Pero antes del episodio iba la mejor parte: el intro del programa. Esa canción que, aunque estaba en inglés, japonés u otro idioma, igual la cantabas… o al menos eso intentabas.
Viviendo en tiempos donde todo se acelera o se le da clic al botón de omitir, en aquel entonces el tema de inicio era parte del disfrute. No se saltaba, porque era una parte esencial de la historia, lo cual al final se ha convertido en el soundtrack de nuestra infancia, ocupando un lugar especial en nuestro corazón.
Imágenes rápidas, colores vibrantes, letras sencillas y una melodía pegadiza (imposible de ignorar) lograban quedarse en nuestra memoria, haciendo que, sin darnos cuenta, la tarareáramos durante todo el día. Era la combinación perfecta para engancharnos desde el primer minuto.
A diferencia de hoy, donde el contenido compite por retener la atención en cuestión de segundos, los intros de antes ya habían ganado esa batalla desde el primer acorde.
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En los años 30 la música empezó a definir a la caricatura. Con Looney Tunes en 1930 y Merrie Melodies en 1931 (Fantasías animadas de ayer y hoy, ¿la recuerdas?), Warner Bros. revolucionó los intros con el uso de música orquestal fija. Aunque eran breves y sin narración, sí creaban una identidad sonora; por lo tanto, en esos años fue la primera vez que una animación se “anunciaba” con un sonido específico.
En 1933, Popeye el marino se convirtió en una de las primeras caricaturas con una canción con letra descriptiva del personaje. Ya entre los años 70 y 90, los intros evolucionaron: se volvieron más largos, elaborados y claramente memorables, pasando a ser parte esencial del audiovisual y no solo una puerta de entrada.
Intro
Muchas caricaturas trascendieron por sus tramas divertidas y entretenidas, mientras que otras además de esto, quedaron grabadas en las memorias de millones por sus canciones de entradas. Estas son algunas de las canciones que a nuestro parecer son las más icónicas:

Pokemón: : Los openings cambian con el tiempo, cubriendo un determinado número de episodios. Sin embargo, el más famoso de la serie es “Atrápalo ya”. No solo presentaba la historia de Ash, también transmitía aventura y superación.
Bob Espoja: “¿Están listos, chicos? Vive en una piña debajo del mar…”. A diferencia de otros openings, este interactuaba con la audiencia, haciéndola parte del mismo y creando una dinámica única que, hasta el sol de hoy, resulta difícil no cantar.
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Dragon Ball: Letras y ritmo intenso que nos advertían que estábamos a punto de ver una historia épica… y así fue. Su energía e imágenes preparaban al espectador para batallas inolvidables.

Pinky y Cerebro: Un intro cargado de humor que resumía la esencia de la serie: planes que nunca llegaban a cumplirse.
Animaniacs: Divertido y caótico, su inicio era un espectáculo gracias a su ritmo acelerado y letras llenas de humor. La música fue compuesta por Richard Stone y la letra original (en inglés), por Tom Ruegger.
Candy Candy: El tema “Llámame Candy”, a diferencia de las canciones anteriores, era más suave, sentimental y nostálgico. Se mantuvo como la canción principal durante los 115 episodios, convirtiéndose en una de las más icónicas.

Caballeros del Zodiaco: Fuerza, honor y lucha: eso transmitía desde el primer segundo. Para muchos, es uno de los intros más potentes del anime clásico.
Recordar estos intros después de años es hacer un viaje a una época donde todo parecía más simple.

