Tan importante es el papel que el constituyente otorga a la Cámara de Cuentas que entre sus funciones figura la de supervisar las emisiones monetarias, el uso y destino del dinero público y hasta las incineraciones de billetes del Banco Central. Pero no ha cumplido cabalmente ni esa ni ninguna otra de sus 15 prerrogativas.
Es por eso que se concede especial trascendencia a las cinco ternas de candidatos a integrar esa institución, escogidas por la Cámara de Diputados, las cuales serán presentadas al Senado que nombrará entre 15 preseleccionados a su titular, demás miembros y suplentes.
Se supone que cada uno de los integrantes de las cinco ternas consensuadas en la Cámara Baja reúne las condiciones morales y académicas requeridas para desempeñar tan delicadas funciones, pero en el ánimo ciudadano persiste el temor de que se haya producido otro ritual de repartición política.
Resulta pertinente advertir que ningún programa de crecimiento o desarrollo económico ni plan de consolidación democrática tendría éxito alguno, sin previa y expresa voluntad política de permitir que la Cámara de Cuentas ejerza plenamente sus funciones de examinar todas las cuentas generales y particulares de la República.
No se hable de voluntad de combatir la corrupción si ese tribunal sigue impedido de velar por la protección de todos los bienes y valores públicos y ejercer control sobre las gestiones de la Contraloría General y la Tesorería Nacional, así como de la contabilidad de todas las dependencias públicas, incluido los ayuntamientos.
En el proceso de escogencia de los nuevos miembros de la Cámara de Cuentas, la clase política arriesga lo que queda de su diezmado prestigio o credibilidad ante la ciudadanía, que aspira a la grata sorpresa de que los funcionarios seleccionados puedan garantizar un órgano fiscalizador de las cuentas nacionales libre de ataduras.
Ojalá que el consenso político que según el presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez, permitió culminar el proceso de preselección de aspirantes a integrar tan importante organismo, no haya sido para reproducir acuerdos de aposentos convertidos luego en cooperativa de impunidad.
Los ojos de la nación han sido puestos desde hoy en el Senado que tiene el compromiso de escoger, con la linterna de Diógenes, entre 15 nominados, a los nuevos jueces de la Cámara de Cuentas. El corazón de la nación está muy débil para poder soportar otra frustración.
