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Los hombres débiles

Los hombres débiles

Orlando Gómez

“Los tiempos difíciles crean a los hombres fuertes, los hombres fuertes crean los buenos tiempos, los buenos tiempos crean a los hombres débiles, los hombres débiles crean a los tiempos difíciles.” G. Michael Hopf, “Los Que Se Quedan” (2016). Hoy estamos en la era de los hombres débiles.

La “Generación Grandiosa” enfrentó la embestida de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial para dejarnos como legado el orden internacional que durante 80 años nos dio el período de paz más duradero en la historia escrita de la humanidad que al mismo tiempo nos trajo la era de mayor prosperidad.

Los períodos de hambruna generalizada se eliminaron, la pobreza global se redujo al punto más bajo en nuestra historia, las enfermedades que diezmaban generaciones completas se esfumaron y los hitos científicos y tecnológicos más grandes se lograron bajo la sombrilla de su legado, en el que será reconocido sin ninguna duda como el período más próspero de la humanidad.

Pero “los buenos tiempos crean a los hombres débiles”. Los hombres débiles favorecen unanimidades impuestas por el miedo a la construcción de consensos, el reconocimiento de “sus verdades” sobre la verdad objetiva, creen y apuestan a un mundo donde la fuerza hace la razón, y las leyes se hacen y están para todos los demás y nunca para ellos.

Los débiles de mente tienen egos directamente proporcionales al tamaño de sus inseguridades y necesitan validación constante, prefieren recibir mentiras que les den la razón que a enfrentar las verdades. La realidad objetiva les ofende y esa contradicción la enfrentan con lo único que tienen, la fuerza. Por supuesto, el ejercicio de esa fuerza nunca supone un riesgo personal para el débil, son los otros los que deben cargar con el peso de las consecuencias, porque los débiles no pelean sus batallas sino que mandan a los hijos y nietos de los otros a morir por sus causas.

Y también hay débiles de carácter. Estos pueden ver la realidad que se les viene plantando en la cara y se aferran a las fórmulas tradicionales moldeadas para otros tiempos que atendían a otras realidades, y al final hacen nada. Se les olvida que a los bravucones y abusadores se les hace frente y se les responde en el único lenguaje que conocen y entienden, pero prefieren desdoblarse para acomodarles y dejan que las circunstancias les moldeen antes de ellos moldear las circunstancias.

Estamos en la era de los hombres débiles y se avecinan tiempos difíciles. En esos tiempos difíciles debemos procurar preservar las lecciones aprendidas de la Generación Grandiosa que fueron pasadas a nosotros, para que ese aprendizaje junto al que derive de los tiempos que vienen resulten en hombres fuertes, mejores que los que hasta ahora hemos tenido, para que nos encaminen hacia los nuevos buenos tiempos.