Editorial

Mal síntoma

Mal síntoma

Con sus altas y sus bajas, las relaciones bilaterales con Haití han mejorado considerablemente de un tiempo a esta parte como resultado de varios factores que incluso están a la vista. Sin embargo, los problemas con la documentación y la supuesta discriminación de inmigrantes denunciada en el exterior amenazan con deteriorar vínculos diplomáticos que son tan importantes para los dos países.

No ha dejado de llamar la atención como muestra de una crisis latente o manifiesta  que el embajador Fritz Cineas, un diplomático que se ha caracterizado por su moderación y propensión al diálogo, emitiera una nota de protesta en reclamo de garantía y respeto para los derechos de los haitianos residentes en República Dominicana. Y todo por la supuesta negación de documentos de identidad y alegados atropellos.

El Ministerio de Relaciones y Exteriores y la Junta Central Electoral (JCE) han negado una v otra vez que se prive de algún tipo de documentación a los inmigrantes haitianos como insisten diferentes colectivos que han protagonizado protestas para denunciar atropellos de que dicen son víctimas nacionales y descendientes de la vecina República.

El Gobierno tiene que hilar fino porque en el conflicto no suele tenerlas todas consigo. El informe de Estados Unidos que valida los supuestos atropellos ha estimulado y amplificado, sin duda alguna, intervenciones como la del embajador Cineas en reclamo de que se respeten los derechos de los inmigrantes procedentes de su país.

Y lo ha hecho con la advertencia de que las prerrogativas están por encima de cualquier estatus migratorio, lo que significa que no descarta, de ser necesario, de apoderar a organismos internacionales, como la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, de las alegadas violaciones.

Tras el terremoto de enero de 2010, que devastó Haití, las relaciones se fortalecieron, pues República Dominicana fue de los primeros países que extendió su mano y clamó a la comunidad internacional para que socorrieran a las víctimas. E incluso el presidente Leonel Fernández donó una universidad que las autoridades del vecino país han agradecido y valorado.

Y se avanzaron otros pasos, entre los que figura la creación de la Comisión Bilateral para examinar las relaciones entre los dos países. La entidad tendrá ahora, por lo visto, que abocarse a abordar este episodio que amenaza con una crisis que se creía superada entre ambos vecinos. Y debe hacerlo con la seguridad de que el problema migratorio es perentorio que cualquier otro para las buenas relaciones entre las dos naciones.

Al margen de los juicios de valor, satisface la buena disposición del embajador haitiano de colaborar más intensamente con las autoridades dominicanas para contribuir a buscar una salida en los trámites de documentos y en las deportaciones  de que se quejan los haitianos.

El Nacional

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