Mítica Plaza Yemaa el Fna de Marrakech se resiste al orden tarifario     

jemaelfnanuit_gr


Marruecos, (EFE).- Las autoridades de la ciudad turística de Marrakech han decidido poner orden en la mítica plaza de Yemaa el Fna y obligar a la exhibición pública de precios de los encantadores de serpientes, tatuadoras, adivinadoras y todas las profesiones que pululan en esta anárquica explanada.

Pero los “proveedores de servicios” de la plaza no acaban de entender esta medida disciplinaria.   La decisión fue tomada recientemente por el wali (gobernador) de la ciudad ocre tras constatar la multiplicación de las quejas de los turistas por las redes sociales sobre las malas experiencias, los abusos y los timos que sufren allí.

El incidente que motivó las nuevas medidas fue una turista que denunció a un encantador de serpientes en la plaza por exigirle 450 dirhams (unos 45 euros) por una simple foto con el ofidio colgado del cuello. La denuncia se hizo viral y fue comentada en el mundo entero.

En los alrededores de la plaza, aún no se ven exhibidas las tarifas y, de momento, son solo objeto de discusión entre profesionales y vecinos de la zona que se preguntan sobre si será factible imponer el orden a un lugar cuya naturaleza es el desorden.

Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2008 gracias a la labor del escritor español Juan Goytisolo, esta plaza fue en el siglo XII un lugar de exhibición de ejércitos antes de pasar a ser en el siglo XVI un zoco comercial.   Esta particular “corte de los milagros” cobra su encanto por el variopinto estilo de oficios que acoge, sobre todo cuando llega la noche y los humos de los puestos de comida conviven con el constante ambiente de chalanería y trapicheo donde no faltan toda suerte de pícaros.

Encantadores de serpientes, adiestradores de monos, aguadores tradicionales, danzantes travestidos, músicos gnawa y tatuadoras de la henna ofrecen sus servicios a cambio de una contrapartida que depende de la voluntad de cada cliente.

Mohamed, un veterano encantador de serpientes, defiende la importancia del entretenimiento que ofrece con su trabajo, y el dinero que ganan como recompensa a la peligrosidad que supone su oficio.   “Dependemos de la generosidad de los clientes.

Somos un grupo de personas que arriesgamos la vida para ofrecer un espectáculo que entretiene a la gente”, cuenta a Efe Mohamed, mientras explica los viajes que realizan por el desierto en las regiones del sur y sureste del país en busca de reptiles.

Debajo de una sombrilla, Mohamed y sus compañeros esperan a que se acerquen turistas para comenzar su espectáculo- mientras el encantador realiza arriesgadas maniobras con una cobra, el resto de compañeros tocan al son de panderos y mizmar melodías para hipnotizar al ofidio.

Simultáneamente, algunos compañeros de Mohamed se acercan con otras serpientes, generalmente no venenosas, para animar a los espectadores a tomarse fotos con el reptil al cuello, una de las fotos que más reclaman los turistas.

Pero cuidado- todo el grupo vigila siempre la presencia de móviles o cámaras de “intrusos” que graben el espectáculo sin pagar pues todo el mundo tiene que pasar por caja, y hasta los periodistas no escapan al negocio si quieren conseguir imágenes.

“Constituimos el espíritu mismo de esta plaza”, dijo a Efe Hakim, otro encantador de serpientes, mientras discutía las nuevas medidas sobre la exhibición de tarifas con otros profesionales.

A pocos metros de los encantadores de serpientes, los maestros de monos y las tatuadoras de la henna también expresan sus reticencias sobre las nuevas medidas.

“No exageramos en los precios, pero si alguna tatuadora se pasa, la turista puede recurrir a la Brigada de Turismo en la plaza que interviene para devolver el dinero a la interesada, y se resuelve el problema”, explicó a Efe Jadiya, que ejerce de tatuadora en la plaza desde hace cinco años.

Con la cara tapada -forma a la que recurren esas mujeres para evitar que sus fotos recorran el mundo y que sean estigmatizadas en sus barrios- Jadiya subrayó que una comisión formada por las autoridades locales les visitó recientemente para anunciarles las nuevas medidas y exhortarles a descubrirse la cara para que sean reconocidas por los turistas en caso de timos.

El responsable de Comunicación en el Consejo Regional de Turismo (CRT) en Marrakech, Abdellatif Abouricha, explicó a Efe que la instauración de las nuevas medidas irá por etapas.

“El turista tiene derecho a conocer las tarifas, y hay turistas que no saben regatear. Tenemos en Marrakech una buena reputación que hay que mantener”, señaló.

Marrakech recibe a 2,6 turistas al año, con un aumento del 6 %, indicó Abouricha, quien añadió que el objetivo es alcanzar 5 millones de turistas.   Queda por ver cómo se puede compaginar entre la exhibición de precios y el mantenimiento del espíritu de este lugar.

“Es una plaza única en el mundo, pero desgraciadamente hay unos personajes que empiezan desaparecer, como el cuentacuentos”, lamentó un profesional de turismo que añadió- “no por nada Goytisolo propuso destinar un salario a los personajes de Jemaa el Fna”.