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Narcisazo y los niños desaparecidos

Narcisazo y los niños desaparecidos

Luis Pérez Casanova

Desde el 26 de mayo de 1994 a la fecha nada se ha sabido oficialmente sobre la desaparición del abogado y periodista Narciso González (Narcisazo). El Gobierno del entonces presidente Joaquín Balaguer, quien había sido duramente criticado por el educador durante un acto en la UASD por el fraude electoral en que incurrió para arrebatarle la victoria al doctor José Francisco Peña Gómez, no movió una paja, ni siquiera para guardar las apariencias, para aclarar su suerte. Para esa época el sistema democrático tenía todavía mucho de caricaturesco.

Al asumir el poder en 1996, el doctor Leonel Fernández se comprometió en múltiples ocasiones de la manera más solemne a investigar y establecer responsabilidades sobre la desaparición de Narcisazo. Pasaron sus cuatro años de Gobierno sin que se aclarara el caso.

Por la deuda de gratitud con Balaguer, que lo aupó a la Presidencia de la República a través del denominado “Pacto Patriótico” es comprensible que Fernández, aunque fuera un político e intelectual de ideas liberales y progresistas, no profundizara en el caso para evitar roces molestosos con la estructura política y militar. Es más que sabido que en política los intereses están por encima de los principios.

A partir de 2006, cuando Fernández retorna al poder arropado por una ola popular eran otras las condiciones para honrar el compromiso, abocándose con determinación a aclarar la suerte de Narcisazo. No lo hizo, como tampoco su antecesor Hipólito Mejía ni sus sucesores Danilo Medina y Luis Abinader. Hoy, la desaparición de Narcisazo, con la que se ha optado por la impunidad, se erige como una sombra para este sistema democrático.

Si hiere el evidente encubrimiento de los responsables de la suerte de Narcisazo desconsuela reconocer que otras desapariciones, como las de los niños de tres años ocurridas en Jarabacoa e Imbert, van por el mismo camino. No importa que las circunstancias no sean las mismas.

De Roldany Calderón sólo sabe que está desaparecido desde el 30 de marzo de 2025 y que fue visto por última vez cuando jugaba con una prima en la casa de una tía en Los Tablones, de Manabao. La niña Brianna Genao se esfumó el 31 de diciembre del mismo año en Barrero.

Como en el caso de Narcisazo, en la desaparición de los niños el Ministerio Público y los servicios de inteligencia han optado, al parecer, por el silencio, sin importarles que con su actitud incrementen la incertidumbre y lesionen la democracia.

Por más y más vueltas que se den a la suerte corrida por el profesor y los dos infantes no hay otra conclusión como no sea la de ocultar la verdad. Tal vez para proteger a alguien o sabrá Dios con cuáles propósitos.