Editorial

Papel y cartón

Papel y cartón

Los bandos en pugna por el control y disfrute del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) parecen decididos a alejarse mutuamente de cualquier  fórmula posible de entendimiento por lo que al buey blanco no parece  quedarle otro camino que su sacrificio en la carnicería de intolerancia y el  sectarismo.

El presidente del PRD, ingeniero Miguel Vargas Maldonado, ha advertido que  el ingeniero  agrónomo Hipólito Mejía y otros dirigentes expulsados o suspendidos, no podrán asistir a una  reunión del Comité Ejecutivo convocado por esa parcela para este domingo.

Ya  antes, el grupo del ex presidente de la República patrocinó una reunión de la Comisión Política que desestimó las sanciones impuestas por un tribunal disciplinario que corresponde  a la acera opuesta, con lo que  se ha consolidado un espectáculo circense con funciones repetidas que hartan a la población.

Ahora no se sabe quiénes  en realidad son miembros de los diferentes órganos de dirección o de control del partido blanco, pues  ambos litorales presentan listas  diferentes que sirven de base a sus espurias convocatorias, por lo que hace tiempo que  se exhiben  dos PRD, uno de papel y el otro de cartón.

Lo penoso de esa tragicomedia es que, contrario a otras crisis internas, esta vez en el PRD no se discuten  asuntos  políticos de principio o visiones  confrontadas sobre  el papel que debe desempeñar la organización en la actual coyuntura histórica de la nación.

No se trata tampoco de una lucha entre liberales o conservadores o  entre corrientes  con puntos de vista encontrados  sobre  el Estado, Gobierno o la economía; lo que se escenifica en el PRD -duele decirlo- es un típico pleito  entre comadres.

En sus 73 años de  vigencia, incluido  31  en el exilio, ese partido ha exhibido  filosofía y praxis política de gran contenido, basado en profundo análisis que sus líderes han hecho de la realidad nacional y del entorno internacional, por lo que sus conflictos  han tenido origen en  auténticos choques de ideas basadas en el bien común y no en  controversias entre  caciques o seudos caudillos.

Es por eso y por muchas cosas más que  se reclama a los bandos que destrozan hoy a ese emblemático partido, que si carecen de la gallardía para irse o quedarse, que al menos permitan un sepelio decoroso de esa organización que ya agoniza por las estocadas que le han inferido.

El Nacional

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