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Perros amaestrados

Perros amaestrados

Fernando De Leon

Los defensores de la mujer dominicana, deberían iniciar una campaña tendente a conjurar todo lo absurdo y enajenante de nuestras creencias religiosas. Esto, al margen del carácter misógino de nuestras políticas públicas, y de la Constitución.

Sin tratar de defenestrar la libertad de cultos se debe insistir en que, aparte de lo que profesemos; lo dogmático, divino, e intangible, no debe estar por encima de la ciencia y la preservación de la vida de nuestras parturientas.

Las decisiones de nuestros legisladores, políticos funcionarios y todo el pueblo, no deben ser supeditadas por un Dios que siempre las castiga al extremo de que lo que procrea en su fecundo vientre, esté condicionado por todo un tinglado de leyendas y sermones discriminatorios.

Si revisamos la Biblia, sólo en el Deuteronomio del Antiguo Testamento, encontraremos diversos pasajes en que se minimiza a la mujer. Nuestros movimientos feministas, aun creyendo en el Dios que se nos ha impuesto, deberían rechazar estas aberraciones que soslayan la dadora de vida.

Hace poco, en un pasaje que leímos en las redes, un sabio asiático dijo que sí somos tan ciegos hasta llegar a perder el sentido de lo científico y lógico, sólo por ser religiosos, entonces nos comportamos como “perros amaestrados”. Irónicamente, en latín, la palabra dominicanos significa: los perros de Dios. Dominus, Dios o Señor, y canis, perro.

Nuestros legisladores y demás, se convierten en apóstatas, y perros realengos de esos que viran latas, cuando incurren en peculado, y legislan según sus conveniencias.

Por: Fernando A. De León

fernando26.deleon@yahoo.com

El Nacional

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