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Poemas de una sola angustia

Poemas de una sola angustia

Efrain Castillo

(Héctor Incháustegui Cabral)

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Por lo regular, es muy difícil separar una opera prima de la obra total de un productor literario, sobre todo si ese productor no ha seguido un proceso ascendente respecto a la reproducción de lo social enfatizada en sus inicios, como presenta la narrativa evolutiva de Héctor lncháustegui Cabral (1912-1979).

En el trabajo de investigación que realicé sobre el poema «Hay un país en el mundo», de Pedro Mir, expliqué que éste, partiendo de una visible influencia lorquiana, emprendió un viaje cuyo itinerario estuvo inmerso en una clara transformación; en una toma de conciencia que devino en una práctica ideológica que influyó poderosamente en su producción futura.

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Desde luego, «Hay un país en el mundo», de ninguna manera, constituyó la opera prima de Pedro Mir (1913-2000), sino el poema cumbre de su producción literaria y, podría añadir, que la síntesis de su trayectoria literaria.

También pudiera señalizar que su poema «Poema del llanto Trigueño» fue el correlato inicial de «Hay un país en el mundo» y, al mismo tiempo, el punto de partida hacia un ascenso, hacia un parentesco con la realidad que construyó su producción posterior.

Habría, sin embargo, que incluir las presiones del medio ambiente (la vida bajo el feroz régimen dictatorial de Trujillo) y las especificidades concretas de la región Este nacional para arribar a una cabal explicación de la extraordinaria metempsicosis de Mir; algo que no podría reproducir Incháustégui en sus apreciaciones sobre lo que él, sobrevolando las contradicciones de clase, inmiscuye como «pobre», «rico», etc. Es decir,  Incháustegui Cabral, desdoblando lo que se aviene a la realidad concreta, al nivel real de su vivencia, antepone apreciaciones filtradas a través de percepciones subjetivas para interpretar las contradicciones de clase que acontecen en la vida cotidiana del país, ignorando por desconocimiento las fuerzas opuestas que coexisten en un mismo sistema.

De ahí, que tan pronto Incháustegui Cabral se sumergió en la realidad sensible -en ese conocimiento del mundo circundante que permite al aeda transformar los objetos y circunstancias mediante las metáforas-, la reproducción de lo rural alcanzó un esplendor estético.

Por eso, para establecer una lectura profunda de «Poemas de una sola angustia» (1940), es preciso separarla de su obra total, en virtud de que la metamorfosis del poeta no se efectuó desde un idealismo racional, desde una comprensión del proceso de la sociedad en tanto que momento histórico, sino desde lo subjetivo hacia lo objetivo con su carga de contradicciones.

Edmund Husserl (1859-1938), en «Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica» (1913), sustancia bien ese proceso de conciencia, esa noesis vivida por Incháustegui Cabral, «que coadyuva en el acto de pensar en sí mismo y en la actividad psíquica que realiza al percibir, recordar, imaginar o juzgar algo» […] así como «representar la manera o el modo en que la conciencia se dirige a un objeto donde no es lo mismo desear una manzana que recordar una manzana»  (Husserl: obra citada).