Escribir es un acto propio de una profesión, pero se ejerce también por gusto o pasión. Toda persona que haya realizado bien los estudios superiores debe estar en capacidad de producir monografías, informes y artículos de divulgación. Sin embargo, se cree que la disposición para componer obras literarias (novelas, cuentos, poemas) se corresponde con un don particular con el que nacen algunas almas.
Cualquiera pensará que un veterinario, el médico de los animales, solo habrá de referirse a la producción pecuaria, a la crianza de bovinos y caprinos, mantener en forma los equinos y apoyar a los ganaderos en mejorar la calidad de los bienes que ofrecen para la alimentación humana.
Pero no es así. Los veterinarios también cantan, tocan instrumentos musicales y componen poesía. En enero de este año se dio a conocer el libro “Antología Poética, voces veterinarias”. Recoge selecciones de diez profesionales agrícolas que cultivan el verso. Y lo han hecho entre relinchos y mugidos, entre berridos y ladridos, es decir, sin desatender su ocupación original.
Quizá la voz más alta sea la de Ana Silvia Reynoso, la médica veterinaria que ejerció largamente como docente en la Facultad de Ciencias Agronómicas y Veterinarias de la UASD, de la que llegó a ser decana.
Los otros autores son Jacinto López Rosario, Norberto Rojas Canela, Juan Tomás Reyes de los Santos, Facundo Ottenwalder, José Manuel Segura de Óleo, Claudio R. Bermúdez Peralta, Luis Antonio Martínez, Alfonso Torres Ulloa y Rafael Gustavo Santana.
El libro es una realización de Torres Ulloa, quien estudió agronomía, pero se comporta como un veterinario. Supera la veintena de libros publicados, entre poemas, historias locales y antologías sectoriales.
En la presentación, el doctor José Manuel Segura de Óleo, vicepresidente de la Junta Directiva del Colegio Dominicano de Médicos Veterinarios, asegura que “… la obra es un gran aporte, contribuye a visibilizar a los veterinarios que son escritores, lo que suma en imagen, pues muchos en la sociedad miran al profesional de la medicina veterinaria como cuidador de la salud de perros y gatos…”
Los versos de los veterinarios tocan asuntos propios del ser humano. Así, aparecen poemas de amor, de humor, como también alusivos a los problemas sociales. No falta la inspiración religiosa ni la patriótica. El ejercicio profesional o técnico no excluye el arte ni la cultura, sino que hay puntos de encuentro entre actividades de apariencia disímil.
Torres Ulloa, el antologista, considera que la ciencia debe caminar de la mano con la cultura y la literatura. “Ciencia y cultura pueden y deben complementarse”. De hecho, las interacciones de las personas en el seno de la sociedad, el trabajo, los conflictos, los amores, la diversión, constituyen fuentes apreciables para la creación literaria, sobre todo la narrativa. Pero no excluye la poesía.
La naturaleza ha sido y es un motivo universal para la creación artística: pintura, música, poesía. El veterinario tiene el privilegio de estar en contacto frecuente con la naturaleza. Olfatea sus aromas, percibe trinos y gorjeos, arrullos y murmullos. La vida animal también puede acicatear su creatividad mientras las acciones de las bestias se prestan para fungir de términos comparativos.
Bien hacen los veterinarios con mostrar sus voces en pro de la ternura y para interpretar sentimientos que brotan en el lenguaje de sus pacientes cuando braman, mugen o relinchan. Deben persistir en el oficio de escribir, pues la mayoría (excepción de Torres y Bermúdez) han cumplido una amplia trayectoria profesional. La jubilación aconseja un cambio de oficio. La vocación está.
Para finalizar, les regalo estos versos místicos de Ana Silvia: “Señor, cura con mis labios / tu herida que se ahonda/ sacia con mis lágrimas/ la sed que a ti te abrasa”.

