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Presencia económica

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¿Deudas vencidas?

Un Estado suele asumir deudas internas o externas para desarrollar obras de infraestructuras, tales como carreteras, puentes, hospitales y escuelas, unido al financiamiento de proyectos productivos y el unido pago del capital más los intereses.

Es obvio que si un país toma dinero prestado sin tomar en cuenta sus posibilidades reales para hacer frente a la amortización de la deuda (es decir, el pago del capital más los intereses) podría verse sometido a delicadas presiones internacionales.
La deuda contraída por un Estado se denomina deuda pública.

Según la metodología del Fondo Monetario Internacional (FMI) ese tipo de deuda está formada por los pasivos contraídos por el gobierno que exigen el pago de las obligaciones asumidas. Cuando los ingresos de un gobierno se encuentran por encima de sus gastos entonces se tiene que financiar ese desequilibrio presupuestal mediante más impuestos, aumentando el ahorro interno o contrayendo préstamos.

Dentro de la deuda pública se encuentra la deuda externa. La primera representa los compromisos u obligaciones globales del Estado, en tanto que la deuda externa forma parte de ésta. La deuda externa de un país se define como la deuda pública y privada total adeudada a no residentes, reembolsable en moneda extranjera, bienes o servicios.

¿Sabía usted que los países más endeudados de América Latina y el Caribe son precisamente los que han alcanzado mayores niveles de crecimiento productivo, comercial y financiero?.

Pero eso no significa que todo endeudamiento es bueno. No. Lo importante es saber dirigir los recursos financieros captados mediante préstamos hacia la esfera productiva, al desarrollo infraestructural y a la generación de empleos. Y evitar que ese dinero se vaya a bolsillos ajenos producto de la corrupción administrativa.

¿Sería más práctico acudir a un reforzamiento institucional de los canales impositivos internos para reducir a su mínima expresión la evasión fiscal y hacer pagar a las empresas y ciudadanos que se niegan a honrar sus obligaciones ante los impuestos internos? ¿O también hacer recortes en el gasto público sin afectar las partidas de inversiones públicas y ellos gastos sociales?

El FMI reconoce que si un Estado necesita recursos adicionales para su gestión presupuestal debería captarlos “de la manera que resulte menos perjudicial para el crecimiento, sin poner en juego la sostenibilidad de la deuda”, precisando que “una opción consiste en financiar las políticas mediante endeudamiento adicional”, pero advirtiendo que “toda deuda debe usarse con prudencia”.

Debe tenerse en cuenta que una parte significativa de la deuda pública suele ser contratada para cubrir el hoyo financiero expresado en el déficit.

Más que el valor absoluto de la deuda lo que interesa es conocer las posibilidades productivas y comerciales de un Estado para hacer frente al pago de sus acreencias. Mientras más bajo es la relación Deuda Pública/PBI mejor será la capacidad productiva del país para afrontar el pago de sus obligaciones, pues esa deuda se salda con el presupuesto nacional.

Conviene tener presente que cuando un país acumula un saldo positivo en la balanza comercial suele dedicar esos recursos financieros a comprar deudas en el exterior, a realizar inversiones en diversas partes del mundo y a incrementar la cantidad de reservas internacionales.

Daniel Guerrero