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La pandemia por el coronavirus ha puesto al Estado en una interesante disyuntiva, mientras por un lado necesita poder aumentar sus recaudaciones para poder atender los múltiples frentes que han resultado de esta, este debe tener mucho cuidado de no cargar una economía afectada y en desesperada necesidad de estímulos económicos, a nuevos impuestos que la supriman. Es por ello que aprovecho para proponer la legalización de los cannabis y la descriminalización del resto de las drogas como instrumento fiscal para el Estado.

Washington en Estados Unidos de América, con una población de un poco más de 7.5 millones de personas, legalizó la venta de los cannabis para cualquier uso en el año 2012, abriendo sus primeras tiendas para la venta en el año 2014. Estableciendo un impuesto de 37% a las ventas al por mayor y otro impuesto de 6.5% para la venta final, estos recaudaron en el año 2019 más de $480 millones de dólares. En perspectiva, esa suma más que triplica lo que el Estado dominicano recauda del necio impuesto selectivo a las telecomunicaciones.

Legalizar el consumo de los cannabis, dependiendo de la forma que esto sea ejecutado, regulado y tributariamente fiscalizado, pudiera representar para el Estado una sustancial fuente de recursos para las arcas fiscales. Adicionalmente esto representaría una fuente interesante de empleos en la producción, distribución y comercialización del bien, brindando soporte adicional a la economía.

Más aún, un estudio publicado en el 2020 de Meehan, Rusko y Stephenson, mostró un efecto positivo importante en las industrias turísticas de Colorado y Washington luego de que estos legalizaron los cannabis, en algunos casos aumentando la ocupación hotelera en más de un 7%.

Para el Estado y el turismo, se puede decir que hay una mayor urgencia puesto que México está al borde de oficializar la legalización del consumo, y podrían arrebatarnos de una iniciativa que ayudaría considerablemente a nuestro sector turístico.

Pero el Estado no tiene por que limitarse a los aspectos recaudatorios de la legalización de los cannabis, tomando parte del modelo portugués, este podría realizar una descriminalización total del consumo de drogas y también beneficiarse de los ahorros que se derivan de reorientar los gastos en la persecución y corrección criminal hacia atender el problema como lo que es, una situación de salud pública, lo que pudiera traer beneficios en la reducción del consumo de estupefacientes, en las muertes por sobredosis y en la transmisión de enfermedades como el HIV.

Como país tenemos la ventaja de ver los resultados de la legalización de los cannabis y la descriminalización de las drogas a todo nuestro alrededor, conscientes de cuales son los verdaderos riesgos y retos en su implementación, así como poder seguir las mejores prácticas.

Lamentablemente, en República Dominicana la conversación ni siquiera ha comenzado, mientras el resto del mundo avanza dejándonos atrás. Esto sólo opera en detrimento nuestro y nos cierra a los muchos beneficios que ya en otros lados están experimentando.

Por: Orlando Gómez
orlando.gomez@gmail.com

El Nacional