Opinión

Puerto Rico: el espejo

Puerto Rico: el espejo

La reciente victoria del pueblo puertorriqueño contra la corrupción de sus gobernantes es una lección para la machocracia dominicana. Sacando fuerzas de no se sabe dónde, los boricuas han dado una conmovedora demostración de valentía. Más de 300,000 se lanzaron a la calle y obligaron a Rosello a renunciar, por corrupto y deslenguado.

En el Estado Libre Asociado, eufemismo para el colonialismo más descarnado, el 45% de los boricuas es pobre, mientras que en USA el promedio nacional es de un 12%. El deterioro de la isla va en aumento: El 55% de las mujeres, entre 18 y 24 años, está por debajo del nivel de pobreza, y el 50% de los hombres.

Misisipi, el Estado más pobre de USA, tiene un ingreso anual promedio por hogar de US$42,009, mientras que el de la isla apenas llega a US$19,795.

La deuda pública de la isla es de 72 mil millones de dólares y está en manos de capitalistas norteamericanos. Y, como residentes de Estado 51 de la Unión Norteamericana, los boricuas, aunque pagan impuestos federales, pero no reciben los beneficios de sus aportes, esto a pesar de que han sido carne de cañon de todas las guerras modernas norteamericanas, desde Corea a Irak y Afganistán, donde han perecido por millares.

Durante su gestión, Ricky Rosello ahondo esta dependencia estimulando las ganancias de las multinacionales mediante lo que llamo ”Ley de Zonas de Oportunidad”, que reduce aun mas los impuestos a los inversionistas, aumentando el desempleo, recortando servicios vitales como la educación, y provocando un éxodo masivo de boricuas hacia otros países, sobre todo USA donde ya habitan 4.5 millones de puertorriqueños, versus los tres millones que aún quedan en la isla.

Hoy, si se camina por el Viejo San Juan, vemos que la zona colonial está en venta y que un alud de extranjeros, mayormente envejecientes norteamericanos, esta inmigrando y comprando las propiedades inmobiliarias, convirtiendo al Viejo San Juan en hogar de lujo para la ancianidad norteamericana, una suerte de Hawái, donde la población aborigen es la que sirve y acomoda las demandas de los nuevos invasores.

La discusión parece girar hoy sobre la Estadidad, la Anexión o la Independencia, ninguna opción favorecida por el gran capital norteamericano, el cual, además de la exención de impuestos, ha actuado a su antojo y sin control en la más pequeña y querida de las Antillas.

Es en ese espejo que los cubanos se miran, y es en ese espejo donde debemos mirarnos los dominicanos y dominicanas, tan ansiosos de mantener nuestro indicador de desarrollo, de fachada, y de convertir la isla en “un país minero”, aunque nos quedemos sin agua y sin dominicanos y dominicanas.

El Nacional

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