Editorial

Razón y honor

Razón y honor

La Junta Central Electoral  (JCE) ha defendido con razón, honor y gallardía el buen nombre de República Dominicana en la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH)  ante cuyos jueces pudo demostrar que aquí no hay discriminación contra  nacionales o extranjeros en la inscripción del Registro Civil.

El presidente de la JCE, doctor Roberto Rosario, expuso ante  esa Corte dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), la  vigencia de un Libro de Extranjería donde son inscritos los  hijos de parturientas  extranjeras que dan a luz en hospitales dominicanos, que  además son provistos de  un documento de identidad o acta de nacimiento.

Rosario pudo demostrar ante esa Corte que ningún dominicano o extranjero ha sido vedado o excluido del Registro Civil por razones étnicas o xenófobas y resaltó además que el Estado dispone de una  eficiente plataforma tecnológica que ha permitido escanear más del 80 por ciento de  la documentación referida a la identidad de los ciudadanos.

Ese foro, que tantas veces ha sido escenario de  campañas viles que procuran presentar  a la tierra de Duarte  como antro de esclavistas y  explotadores de mano de obra foránea,  escuchó voces responsables que pudieron demostrar que  cualquier ciudadano nativo o inmigrante puede obtener sin ningún prejuicio el documento de identidad correspondiente.

La jueza Dinah Shelton, presidenta de la  audiencia,  expresó complacencia por  los grandes avances  que ha logrado República Dominicana en materia de Registro Civil, lo que definió como un gran paso de avance en el proceso de consolidación de la democracia, juicio que se recibe como desagravio al caudal de infamia vertido sobre el gentilicio nacional.

Llama la atención que la JCE  solicitó a  esa Corte  exponer sobre un tema que, como el de  Registro Civil, ha sido objeto de censura por  instituciones relacionadas con la defensa de los derechos del inmigrante, como  el Centro Robert F. Kennedy, cuya  representante, Marselha Goncalves Margerin, asistió a la  audiencia en Washington junto con la activista dominicana Sonia Pierret.

Otras instituciones del Estado,  Gobierno, empresariado y Sociedad Civil deberían emular la valiente y responsable  actitud asumida por  el pleno de la JCE de  defender  de manera proactiva en la Corte Interamericana  de Derechos Humanos y en cualquier otro escenario internacional el buen nombre de la República y su innegociable fuero soberano.

Sin negar que, como en Estados Unidos y Europa, aquí se perpetran aisladas violaciones a los derechos humanos, la Junta Central Electoral pudo demostrar en Washington que República Dominicana no es ni ha sido un Estado racista o xenófobo y que  los extranjeros residentes tienen derecho y acceso al Registro Civil para obtener   actas de nacimiento o identidad que los señale como tales.

El Nacional

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