ESTO PIENSO, ESTO CREO

Política, clientelismo y la cultura del “onorablismo”

Política, clientelismo y la cultura del “onorablismo”

Rafael Ramirez Ferreiras

Se comenta en los comederos políticos de determinados pueblos -no necesariamente dominicanos-, que la opulencia, prepotencia y actitud abusiva de los “onorables” que pululan ostensiblemente por sus calles, se debía a que se hacían ricos, no por los sueldos ampliamente generosos que recibían, si no, por los sobornos que recibían de los cabilderos al servicio de grandes organizaciones privadas y públicas, cuando desean aprobar una ley que vaya en su beneficio personal, sin dejar atrás a los ayuntamientos con sus resoluciones municipales.

Ni me adhiero ni dejo de hacerlo, porque la realidad o verdad, no está muy lejos. Y, es que existe una conciencia clara, principalmente dentro de la clase media, de que ahí donde pueda existir algún interés mercurial, siempre aparece la mano oculta de algún “Onorable”, síndico o uno que otro fogoso “líder sindical, que arma

cualquier embrollo disparatado, y absurdo, con tal de obtener cualquier beneficio económico.

Son estos mismos señores que tiran por tierra cualquier entente que busque resultados diferentes a los que ellos proponen.

He ahí el gran problema de las leyes, donde los honorables se convierten en hacedores y beneficiados, ya que legislan para ellos mismos y, sí es que puede quedar alguna sobra de beneficio, buscan la manera de que, por igual, les toque una parte de ellas. Quien lo dude, que urge un poco dentro de sus ONG, supuestamente todas bienhechoras, pero, todo a costa del erario público

Además, quien dude de esto, que espere las habichuelas con dulce en Semana Santa; el día del Padre y el de la Madre; el día de los enamorados; la brisita de Diciembre; los Santos Reyes y el romito para el día de los difuntos, entre otras, como las famosas recetas médicas y el uso de los fondos de SeNaSa; sin hablar de los cariñitos del INESPRE; los comedores económicos, aunque no nos vamos a referir a los Solidarios, porque, ahí sí es verdad que se esmeran en su filantropía y, como el erario no habla, todo camina supuestamente como debe de ser, es decir; “Vamos a mil”.

Estos personajes, al parecer, viven obsesionados por sus personales capacidades intelectuales, cosa esta que los hace obviar las ideas de los demás siempre y cuando no sean compatibles con las de ellos.

Como son ilusionistas extremadamente hábiles en las palabras, con sus discursos que tienen el poder de encandilar a quienes tienen la desgracia de escucharlos y, acompañados de sus acciones engañosas, hasta ahora, todos los reclamos y planes propuestos para adecentar la profesión de ejercer la política, se han quedado en agua de borrajas.

Vivimos dentro de un espacio lleno de mentiras, ante la aparente imposibilidad mental para poder cambiarla.

Definitiva y simplemente no, no vivimos, solo sobrevivimos, sosteniendo la mentira como muleta con nuestra postura sumisa, ya que, no queremos entender que la nostalgia de que los tiempos pasados fueron mejores, no es una estrategia, es una entrega total a la situación anómala que nos corroe en medio de un sistema que castiga al que trabaja beneficiando al que no lo hace y así, nos iremos al hoyo sin ver aquellos países desarrollados o no, que con su clientelismo han llevado esos países prácticamente a la Bancarrota. Bélgica, por ejemplo, con su clientelismo dirigido a los que no trabajan.

Y si, estamos peor de lo que creemos, y no, no es un juicio de valor errado al decir esto, siquiera sea producto de algún sesgo errado de conocimiento, más bien, es el producto de ese terrible cansancio emocional que lleva a la depresión, al hastío y la desesperanza, donde miles de seres humanos ven el suicidio como solución y busquen las estadísticas no manipuladas sobre esta situación, peor aún, que se vive con la plena convicción, de no poder hacer nada por remediar la crítica situación.

Es cierto que el motoconcho se ha salido de control; es cierto que no hay interés de las autoridades para solucionar esto, ya que, en ella prima más el clientelismo político absurdo que darle frente a la situación, algo que ha sido notorio en otras funciones que ha ocupado el hoy encargado de contener este problema. Hasta aquí todo más que claro, pero ¿y qué decir de los miles de ludópatas en nuestros barrios, donde esa adicción, de por más, los conduce por igual al saqueo o las drogas? ¡No estamos bien! ¿Sí señor?

El Nacional

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