Opinión Carta de los Lectores

RD duerme

RD duerme

La República Dominicana parece dormir un sueño profundo y peligroso. Un letargo colectivo ante un sistema cada vez más controlado por intereses políticos y empresariales, donde el hambre, la salud y la educación han pasado a un segundo plano, y donde los derechos fundamentales se vulneran con una normalidad alarmante.

Nuestra Constitución proclama principios nobles, pero en la práctica muchos dominicanos sienten que se ha convertido en un simple discurso decorativo, un pedazo de papel sin fuerza real frente a la impunidad, la desigualdad y el abuso de poder.

La pregunta que se repite, sin encontrar respuesta, es inevitable: ¿qué futuro le espera a este país? ¿Hacia dónde va esta isla promocionada internacionalmente como el paraíso del Caribe, mientras una gran parte de su población vive atrapada en una realidad marcada por la exclusión social y la concentración de la riqueza en pocas manos?

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Cada sector parece luchar únicamente por sus propios intereses. Los gremios profesionales médicos, profesores y otros reclaman con razón mejoras y reivindicaciones, pero casi siempre desde una óptica individual, sin articular una defensa sólida del bienestar colectivo. Los empresarios, en muchos casos, continúan priorizando el lucro por encima de la dignidad humana. Y los políticos, paradójicamente, sí logran unirse, pero solo cuando se trata de proteger privilegios y beneficios personales.

Mientras tanto, el pueblo observa, aguanta y calla. Un pueblo cansado, desinformado o resignado, convertido en víctima recurrente de la manipulación y el engaño. La normalización del abuso ha sido quizás la estrategia más efectiva del sistema: hacer creer que no hay alternativas, que protestar no sirve, que exigir derechos es perder el tiempo.

Lo más preocupante no es solo que el pueblo esté dormido, sino que no se perciban señales claras de despertar. Sin conciencia ciudadana, sin participación activa y sin una verdadera exigencia de rendición de cuentas, la democracia se debilita y el futuro se vuelve incierto.

La República Dominicana no necesita más discursos ni promesas vacías. Necesita ciudadanos despiertos, instituciones firmes y líderes comprometidos con el bien común. Porque ningún país avanza cuando su gente duerme, y ningún paraíso puede sostenerse sobre la desigualdad y el silencio.

Ana Jiménez | Periodista

El Nacional

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