Se acaban las cortas vacaciones de Semana Santa y en vez de sentirse relajados y descansados, por estos días alejados del trabajo, se siente el mismo el cansancio de siempre. La licenciada en Psicología Hillary Solano aborda un fenómeno cada vez más común: el malestar emocional que muchas personas experimentan al finalizar sus vacaciones y retomar la rutina diaria.
Solano explica que en el contexto actual, caracterizado por la inmediatez, la hiperproductividad y la sobrecarga constante, muchas personas operan en un “modo supervivencia”, estilo de vida limita el descanso real y compromete la calidad de vida. “Las vacaciones dejan de ser un espacio suficiente de recuperación cuando no hay una desconexión auténtica del estrés cotidiano”, señala.
Dice que sentimientos como tristeza, irritabilidad o ansiedad tras las vacaciones no deben interpretarse como debilidad, sino como una señal de que el cuerpo y la mente no han descansado lo necesario. La especialista destaca que, según estudios en psicología ocupacional, los beneficios del descanso se diluyen rápidamente cuando las exigencias laborales siguen siendo altas y no se logra una verdadera desconexión (Sonnentag & Fritz, 2015).
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“A esto se suma la llamada “fatiga acumulada” o recovery deficit, que ocurre cuando los periodos de recuperación no compensan el desgaste sostenido”, resalta.
Indica que a esto se suman factores como la ansiedad anticipatoria por el regreso al trabajo, la dificultad para desconectarse y la presión social de “aprovechar al máximo” las vacaciones.
Vacaciones
“Muchas veces, en lugar de descansar, las personas convierten sus vacaciones en una extensión de la exigencia”, explica Solano. Desde el enfoque clínico, identifica patrones de pensamiento rígidos como “debo aprovechar todo el tiempo” o “no puedo detenerme”, los cuales perpetúan el agotamiento.
Advierte, que este ciclo, lleva a vivir esperando las vacaciones como única vía de escape, sin resolver el desgaste diario. Para romperlo, recomienda planificar descansos más realistas, incluir espacios sin agenda y establecer límites claros con el trabajo.
La psicóloga enfatiza la importancia de incorporar pausas conscientes en la rutina, así como actividades placenteras que permitan distribuir el descanso de forma sostenida. “El bienestar no debe depender únicamente de las vacaciones, sino construirse día a día”, concluye.

