Santo Domingo, ciudad sin albergues para indigentes

Indigentes durmiendo en calles, avenidas y espacios publicos de Santo Domingo Este. /Jorge Gonzalez / El Nacional
Indigentes durmiendo en calles, avenidas y espacios publicos de Santo Domingo Este. /Jorge Gonzalez / El Nacional


Santo Domingo.-Hombres y mujeres sucios y malolientos deambulan por calles y avenidas de Santo Domingo. Ciudadanos orinando en cualquier árbol o pared, así como jaurías de perros realengos disputando entre ellos la sobra en la basura, son dramas que deben terminar.

Aunque el problema de la recogida de la basura, la ocupación de espacios públicos, el caos en el transito, el deterioro de calles y avenidas y la delincuencia, de seguro serían las prioridades en las nuevas gestiones municipales en el Gran Santo Domingo, no hay dudas de la importancia que tendría la construcción de albergues para indigentes, baños públicos y perreras municipales.

El Gobierno central al pasar del tiempo ha dado mayor importancia a las grandes obras de infraestructuras que involucren gastos exorbitantes de dinero ya que son las que se pueden vender como logros de los presidentes de turno, las que más dinero generan y las que se usarán como publicidad en futuras campañas electorales.

Esta es la razón por la cual el Gobierno central se olvida de pequeñas obras de índole social que benefician a una demarcación o sector social en particular.

Los alcaldes que resulten ganadores deberán tener en cuenta resolver tres problemas sencillos y de inversión moderada, como los antes citados.

Albergues
Cuando el sol a empieza ocultarse y la oscuridad se adueña de las calles, solo iluminadas por las luces de los vehículos que transitan, o por las tenue luz de las lámparas de los postes del tendido eléctrico, decenas de personas, en su mayoría hombres indigentes, drogadictos, sin techo o enfermos mentales, buscan un lugar para pasar la noche.

Ocupar los rincones debajo de los elevados, los bancos, de los parques o cualquier otro lugar que sirva de cama o cobija, es la tarea de estos ‘subvivientes’ que sin importar si son hombres o mujeres buscan cualquier lugar público en el Distrito Nacional o la provincia Santo Domingo donde poder dormir o descansar hasta el otro día.

A estos indigentes no les importa la basura, alimañas, malos olores, el ruido o el humo que expelen los vehículos, lo único que al parecer les importa es tener un lugar seco, fresco o caliente donde puedan protegerse de la intemperie, la lluvia o el calor, dependiendo del clima de ese momento.

Este tipo de problema de indigencia, que representa un drama humano de consecuencias sociales muy deprimente, es un tema que debe de ser abordado más por las alcaldías que por el Gobierno central, que por décadas no ha hecho nada en este sentido.

Las alcaldías son las que deben regular los espacios públicos de sus comunidades y, por esta razón, son las responsables de crear albergues públicos para que individuos sin techo puedan pernoctar, encontrar agua para el aseo o un sanitario para hacer sus necesidades.

La oscuridad de la ciudad les proporciona la privacidad que para nada les importa, ya que solo buscan descansar sus pies descalzos o mal calzados y sus cuerpos cansados de vagar, sobrevivir y sufrir.

En países más desarrollados que República Dominicana el problema de la indigencia se ha convertido en una contrariedad crónica, sin una solución en lo inmediato, pero las casas de acogidas han servido como una forma de apaciguar y reducir este mal.

La falta de baños públicos origina que hombres orinen en cualquier lugar. / El Nacional / Jorge Gonzalez.
La falta de baños públicos origina que hombres orinen en cualquier lugar. / El Nacional / Jorge Gonzalez.

 

Baños públicos
No hay quien haya transitado por cualquier vía importante, sea avenida o autopista de los barrios de la ciudad capital y de la provincia Santo Domingo o del país, sin ver algún individuo que se orina en una pared, detrás de un árbol o poste de energía eléctrico, solamente tomando la precaución de ocultar su acción.

Aunque este puede parecer un problema sencillo, no lo es, ya que en una metrópolis como lo es el Gran Santo Domingo, donde miles de personas (hombres, mujeres y niños), ya sea a pie o en vehículos, recorren sus vías a todas horas independientemente de los fines que persigan.

Tener que ver a un hombre orinar en plena vía es un drama de contaminación visual y falta social que debe ser erradicada.

Pero no todo se queda ahí, ya que además se produce una contaminación que aparte de hacer daños a infraestructuras crea un mal olor muy molestoso.

El crecimiento de la ciudad es uno de los factores que origina este problema. Además, hay que mencionar la cantidad de personas y vehículos que se mueven de un lado a otro en toda la geografía de la capital sin encontrar un baño público.

Orinar en algunos lugares públicos aunque no sea correcto puede verse como indecoroso, pero pasa desapercibido por no afectar de manera directa las buenas costumbres de la personas por la lejanía de los centros de la ciudades.

La mala costumbre de orinar en los espacios y vías públicas también afecta a la ciudad como destino turístico, ya que en muchos lugares de la Ciudad Colonial, incluidos monumentos, son usados como baños públicos. Cabe mencionar que esta acción es penada por las leyes dominicanas.

Los alrededores del Alcázar de Colón, en la Plaza España; el Fuerte San Gil y el Fuerte de la Concepción son tres claros ejemplos de lo antes mencionado.

La Ciudad Colonial está llena de museos y negocios, pero que solo le permiten usar en baño si se está es cliente o empleado del establecimiento.

De todos los parques de la referida ciudad solo el Parque Independencia tiene baños públicos, pero, aunque parezca extraño, están cerrados y solo pueden ser usados por los militares que prestan servicios en el lugar.

Perros callejeros en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.  / El Nacional  / Jorge Gonzalez
Perros callejeros en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. / El Nacional / Jorge Gonzalez

 

Perreras municipales

Aunque en República Dominicana ya existen leyes para proteger a los animales, hace falta un plan para controlar la creciente población de perros sin dueños ni controles sanitarios que viven en las calles y avenidas.

No es que sean plagas y que estén haciendo mal, pero también se convierten en contaminación visual y da mucha pena ver como muchos de ellos viven su día a día.

La situación de los mejores amigos del hombre es un poco delicada, ya que se reproducen sin ningún tipo de control y deambulan por las calles, durmiendo donde sea y alimentándose de los desechos que extraen de las fundas plásticas que rompen en basureros improvisados.

Los perros realengos, como también son llamados, juntos a los buzos (personas que buscan en la basura cualquier cosa de valor) los propagadores más importantes de desperdicios en las calles del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.

Quizás hasta ahora la presencia abundante de estos caninos no representa un peligro inminente para los ciudadanos, pero de seguir el aumento de su población sin control no se descarta que en un futuro no muy lejano el país enfrente problemas masivos de mordeduras o a la pena de seguir viendo como mueren a cada momento atropellados en las vías.

Ninguna provincia del país cuenta con un plan de control de animales callejeros y mucho menos una perrera municipal que se encargue del control, el rescate y la reubicación de estos animales.
Tener un lugar que pueda recoger a los perros, evaluarlos y de ser posible ponerlos a dormir o darlos en adopción sería una acción muy humana.

Cabe destacar que siendo estos tres problemas: albergues para indigentes, baños públicos y perreras municipales, no tan graves en el país, para su solución solo se necesita deseo institucional y pequeñas inversiones.

Un apunte

Querer es poder

Hace una década ver caballos tirando pesadas carretas cargadas de productos agrícola era un drama común en toda la capital. Las denuncias del maltrato animal llegaron a un tope, y fue creada La Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable, la  No. 248-12, que prohíbe el uso de animales para el arrastre de carretas u otros vehículos. Esta disposición ha ayudado a controlar este mal en algunos lugares.