La población ha sido debidamente notificada por las autoridades del peligro sanitario que para República Dominicana representa el brote de cólera en Haití que ya ha causado más de 294 muertes y contagiado a miles de personas, así como de las medidas que se aplican para evitar que esa enfermedad penetre al territorio nacional o cause daños mayores en caso de que se propague.
Por tratarse de una situación de interés social, todo lo relacionado con el cólera debería decirse y asumirse con gran sentido de responsabilidad y acendrada vocación de contribuir a afrontarlo y conjurarlo sin que llegue a provocar un sólo deceso, cuestión que se logra si se despejan las vías de comunicación de toda mensajería alarmista o plataforma de especulación.
Los medios de comunicación, escritos, radiales, televisivos o digitales, están compelidos a recolectar y difundir información veraz, libre de todo tipo de contagio sensacionalista porque el cordón sanitario tendido sobre la frontera y las medidas colaterales de contingencia sanitarias requieren de un flujo de noticias tan objetivas, como sensatas en forma y contenido.
Se aconseja a las autoridades sanitarias y a los canales informativos oficiales no intentar ocultar, distorsionar o maquillar informaciones o detalles en torno a las incidencias del cólera, porque ese proceder en nada contribuiría al fin único de afrontar el riesgo epidemiológico y evitar que el mal cruce frontera y se expanda por la geografía nacional.
Ante un inminente ingreso del cólera por la frontera con Haití, al Gobierno le corresponde aplicar con rapidez y eficiencia los protocolos de control sanitario a nivel de prevención diagnóstico y abordaje de esa enfermedad, mientras la prensa tiene el deber de no dejarse contagiar por virus o bacterias de especulación o alarmismo.
Condena al bloqueo
La Asamblea General de las Naciones Unidas condenó ayer con el voto de 187 de sus miembros el bloqueo económico y comercial impuesto desde hace medio siglo por Estados Unidos contra Cuba, en lo que representa una de las votaciones más cercanas a la unanimidad producida en la ONU, pues sólo Washington e Israel votaron a favor de ese cerco político e inhumano.
A pesar de que por 19 años consecutivos la Asamblea General emite una resolución de repudio al bloqueo imperial contra la isla caribeña, la Casa Blanca ignora el pedido de la comunidad internacional y persiste en una acción de lesa humanidad que debió conjurarse con el desplome del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría.
Israel insiste en representar el infeliz papel de escudero imperial al reiterar su voto a favor de que persista un cerco económico de una superpotencia contra una nación soberana que tiene un escaño en la ONU, donde deberían resolverse los conflictos entre Estados. Palao, Micronesia e Islas Marshall prefirieron abstenerse antes que apoyar tal ignominia.
Estados Unidos puede que no haga caso a la nueva condena del mundo contra el bloqueo a Cuba, aun así la historia recogerá la repulsa mundial contra un acto de barbarie que ya lleva cincuenta años. ¡Qué pena!

