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Stephen Abrecht

Stephen  Abrecht

Un día como hoy nació en New York un niño precioso, de clarísimos ojos, que se llamó Stephen Abrecht Baxter, hijo de un pastor norteamericano y su esposa canadiense.

Muy pequeño aun emigró a Ginebra, donde su padre inicio los programas de estudios teológicos sobre ciencia que harían famoso al Consejo Mundial de iglesias por su proactividad y visión. Allí entró en contacto con los grandes pensadores de su tiempo, todos huéspedes de sus padres.

De Ginebra paso a Yale donde hizo su maestría en estudios latinoamericanos y de Yale a Nacla, North American Congress on Latin America, grupo de progresista investigación que dirigía Mike Locker, con Fred Goff en California, como contraparte.
Gracias a mi profesor de historia Hobart Spalding, pude entrar a hacer una pasantía en NACLA y ahí lo conocí, siempre un trabajador a conciencia, siempre honesto, siempre solidario, siempre incondicional en su amistad y amor por el prójimo, porque nunca dejo, a pesar de su profesado Marxismo, de ser un cristiano.

Asesorando a los sindicatos el flaco, Stephen Abrecht, se dio cuenta de que realmente las huelgas y los conflictos obrero-patronales ya no eran necesarios.

Solo se necesitaba que las empresas entregaran los libros de contabilidad a expertos para poder determinar con los sindicatos si procedía un aumento salarial y en que proporción, dado el nivel de las ganancias. Con ese método, que inauguro con el sindicato de Eastern Airlines, se lograron grandes victorias las cuales llamaron la atención del gigante de los movimientos sindicales, la AFLCIO.

El Flaco combinaba sus actividades profesionales con la solidaridad más militante. Por nuestra casa pasaron Daniel Viglietti, Mercedes Sosa, Expresión Joven, Dagoberto Tejada y Convite, (Recuerdo que Dago dejaba que todo el mundo comiera salcocho y luego se quedaba con la paila), Freddy Ginebra, el Grupo Cuatro de Teatro de la Argentina y el Grupo Ictus de Chile, con Claudio de Girolamo como director; el mejor actor de la Argentina en ese tiempo, perseguido por judío, Juan Bolívar y Arismendi Díaz Santana, José del Castillo, Sonia silvestre.

Y en una noche gloriosa durmieron en la sala Roberto Cassa, Víctor Grimaldi, y Francisco Santos, entre otros. En ese tiempo conocí a la más bonita dirigente sindical del país: Nélsida Marmolejos y con ella hicimos las giras en Canadá, invitadas por la Conferencia Internacional Sindical, CISO, en apoyo a los siete presos políticos de la CGT para quienes recabábamos solidaridad.

Con el Flaco armamos el decimo aniversario de la Revolución de Abril, donde habría de conocer a líderes políticos que luego marcarían mi vida para siempre. Eran los tiempos gloriosos de Nueva York, un Nueva York que no existirá más. Hoy celebro su vida.

El Nacional

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