Editorial

Temor ciudadano

Temor ciudadano

El asesinato anoche en el residencial Eugenio María de Hostos, de la provincia Santo Domingo de  fiscal adjunta del Distrito Nacional constituye un hecho  consternante que  hace temer que  la criminalidad ha ingresado  en una nueva fase en la cual se  atenta ya  contra la vida  autoridades  del Ministerio Público.

La magistrada Odalisa Reyes Díaz, de 31 años, fue ultimada  de un balazo cuando retornaba a su residencia después de comprar una pizza cerca del lugar donde cayó abatida de un disparo hecho por uno de dos desconocidos que la interceptaron junto a  un sargento de la Policía que  fungía como su custodio.

Llama la atención que en el lugar de la tragedia  se encontraron 14 casquillos de bala, uno de los cuales corresponde  al arma que  portaba  el  sub oficial, por lo que  Fiscalía y Policía deberán profundizar las investigaciones hasta poder precisar las circunstancias en que fue muerta la joven profesional.

Las primeras versiones  señalan que los desconocidos  dispararon al menos trece veces, en razón de que uno solo de los casquillos corresponde al arma del sargento que  custodiaba a la fiscal asesinada que sufrió el impacto de un balazo  con salida en la región dorsal derecha.

Cualquiera que haya siso la circunstancia en que se  haya cometido, ese abominable crimen se erige como un reto de la delincuencia que las autoridades no deben obviar, pues  con este hecho se pretende abrir  compuertas hacia un estado de inseguridad generalizada  donde  los delincuentes incluyan  a jueces, fiscales y policía entre sus blancos.

 Sin pretender incurrir en ningún tipo de prejuicios,  se advierte que las  autoridades  están en obligación de despejar cuanto antes la humareda de confusión que  rodea  el asesinato de la magistrada Reyes Díaz,  como el hecho de que en el lugar de la tragedia se registraron  14 disparos y solo uno  atribuido al sargento que la  custodiaba.

Se resalta que Reyes Díaz  había acumulado experiencia como fiscal, al prestar servicios en  los distritos judiciales de Monte Plata, Santo Domingo Este y Distrito Nacional, donde  llevaba ocho meses de labor, por lo que no debería descartarse que  la comisión  de ese crimen pueda estar relacionado con las funciones que ejerció.

Al consignar el ferviente reclamo de que las autoridades identifiquen cuanto antes a los autores  materiales e intelectuales  del asesinato de la magistrada Odalisa,  se insiste en señalar que este homicidio  consolida aun más el temor ciudadano de que la criminalidad se convierta ya en flajelo sin control.

El Nacional

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