Opinión Articulistas

Tiempo de cambiar

Tiempo de cambiar

Susi Pola

Terminamos el año con el feminicidio de Sheryl Javier Varela, en Hato Mayor el 28 de diciembre pasado, de unos 30 años, y el suicidio de quien la mató infiriéndole varias heridas con arma de fuego, y empezamos el 2026, con el de Rosmery Sosa, en Gualey, el 2 de enero, de 29 años, madre de tres niños que hoy son huérfanos, y cuyo presunto feminicida se entregó a las autoridades después del hecho.

La violencia contra las mujeres y las niñas se presiente como el gran reto siempre pendiente en nuestro país emblemáticamente empezado con el primer parto del año de una adolescente de 14 años, y este feminicidio.

Aquí, donde las cifras reales se blanquean y son altas, la violencia de género es fruto de la desigualdad y evidencia a nuestra democracia como una mueca que niega la ciudadanía debida a las mujeres, una realidad que no se reconoce ni admite social y políticamente manteniéndola invisible.

Nuestra cultura discriminadora desde las religiones establece esa violencia como tradicional, la legitima y reproduce justificándola, escondiéndola oficialmente, ignorándola a partir de una estructura que la valida día a día, sin importar consecuencias y, lo peor, con el cinismo de firmas acuerdos, anuncios de planes que nunca se cumplen y consolidan las prácticas.

Nos hemos concentrado en el esfuerzo de respuestas y servicios por los efectos de estas violencias y, sin repetir cifras, sabemos que estos delitos concentran el mayor requerimiento en la justicia, con grandes limitaciones y desconocimiento, sin embargo, el Estado no invierte en la prevención.

Y para prevenir se deben tratar sus orígenes y causas estructurales, es decir, comenzar desde las primeras etapas de la educación de niños y niñas promoviendo relaciones de respeto y de igualdad entre las personas para cambiar esta historia. Y no estamos modificando los modelos de comportamiento aprendidos, por eso, no cambiamos.

Y el feminicidio es el último resultado de la violencia contra las mujeres que, solo por ser mujeres, mueren en una cultura y sociedad que lo permite insensiblemente sin que la sociedad entera reaccione junto a las instituciones y el gobierno.

No es algo baladí: el mundo en que vivíamos cambió desde el pasado sábado 3 de enero cuando el mandatario del país imperialista hegemónico decidió, asaltando a Venezuela, que el derecho internacional es una entelequia.

Lo vimos desde Gaza y no hicimos nada que no fuera protestar y hablar en estos últimos años.

¿Entonces, vamos a seguir hablando y lamentado o vamos a actuar?