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Héctor García

Te deseo

Pasando una pequeña temporada en Estados Unidos y con tiempo suficiente para volver a leer cosas interesantes, encontré a Víctor Hugo y considero adecuado compartir con mis lectores la historia.
En 1862, hace 159 años, terminó su obra magna: Los miserables.

Victor Hugo falleció en París el 22 de mayo de 1885 a la edad de 83 años, cuando todavía se encontraba pleno en sus facultades.

Cuenta la historia que sus opiniones, a la vez morales y políticas, y su obra excepcional, le convirtieron en un personaje emblemático al que la Tercera República honró con un funeral de Estado, celebrado el 1 de junio y al que asistieron más de dos millones de personas, a la inhumación de sus restos en el Panteón de París.

La historia dice que su poema, leído por millones e personas, lo escribió consciente de que iba a perdurar por siempre y se titula, ‘Te deseo’, el cual reproduzco textualmente y dedico a ustedes, en esta fecha especial.
Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es, sepas ser sin desesperar. Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien confiar sin dudar. Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos.

Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro. Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros. Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero.

Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros. Te deseo de paso que seas triste.

No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana. Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, sentirás bien por nada. Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico, Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: Esto es sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Por. Héctor García
hectorgarciasr@gmail.com

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