La indolencia de los testigos frente a la persecución que culminó con el linchamiento en Santiago del chofer Carlos Abreu Quezada es deplorable.
En lugar de auxiliar a una persona que clamaba auxilio, algunos optaron por filmar el episodio y difundirlo a través de las redes sociales.
La indolencia duele, aunque no estuvieran obligados a auxiliar a un hombre herido, que decía que una turba de motoristas lo perseguía para ultimarlo.
Lo cuestionable es que la Policía, en las condiciones en que estaba Abreu Quezada, no interviniera para salvarle la vida. La desatención que se atribuye a la Policía reclama con más fuerza acelerar el proceso de reforma y profesionalización del cuerpo.
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Inconcebible que los agentes ignoraran su tarea de garantizar la seguridad ciudadana. Si en verdad se ordenó una investigación tiene que ser para establecer responsabilidades sobre la conducta de los agentes.

