Mientras más se posterga la entrada en acción de la misión antipandillas de la ONU en Haití, más personas mueren cada día y más familias tienen que dejar sus hogares a causa de la violencia protagonizada por los grupos criminales.
Los pandilleros hacen de las suyas en la capital Puerto Príncipe y las principales ciudades sin que la débil Policía haitiana pueda con ellos.
Los grupos están mejor armados y superan a la Policía en miembros, muchos de los cuales son jovencitos que han encontrado en la violencia su principal medio para subsistir en la empobrecida nación.
Se ha alegado que por el impacto de la guerra en el Medio Oriente en el costo de los combustibles, la fuerza de la ONU ha demorado su despliegue contra los facinerosos que han sembrado la violencia y la inseguridad en la vecina nación.
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Cada día que pasa se reporta la muerte de más personas y el desplazamiento de familias, que por lo regular terminan a la intemperie.
La inseguridad se ha convertido en la realidad más cruenta de un país cuyas autoridades contemplan la celebración de elecciones en agosto próximo.
Los últimos acontecimientos amplifican el permanente desafío sobre la propagación de la violencia en Haití.

