Un mundo sin pajitas



Absorbente, bombilla, calimete, cañita, carrizo, pitillo, popote, sorbete, sorbeto, sorbito o pipeta, un mismo nombre, en veinte países diferentes, para referirnos a la conocida “pajita” de plástico.
Un objeto cotidiano, con unos pocos minutos de uso y que puede tardar hasta 500 años en descomponerse en nuestro medio ambiente, causando gravísimos daños en los ecosistemas marinos.
Entre el 40-60% de las tortugas ingieren plásticos y que en algunas especies de aves este porcentaje se eleva incluso hasta el 93%. Más de un millón de aves y más de 100 mil mamíferos marinos mueren cada año como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar.
Por suerte, poco a poco todos estamos tomando más consciencia sobre los efectos nocivos del abuso y mal uso de los plásticos. En promedio, el plástico mata a más de un millón y medio de animales marinos.
Los calimetes se usan sólo 15 minutos, pero tardan 500 años en degradarse
Las noticias sobre la contaminación plástica en nuestros mares y sobre la importancia de reducir el uso de ciertos productos desechables empiezan cada día a ser más habituales.
Cada vez somos más personas las que tenemos claro que el evitar el uso de ciertos productos, como las bolsas, botellas o vasos desechables es fundamental, pero al mismo tiempo hay otras cosas que pasan desapercibidas y, a las que no se les da ninguna importancia.
Es como si fueran invisibles. Nadie las ve. No forman parte del juego.
Una vez en el mar, como cualquier otro plástico, son mucho más contaminantes y dañan a muchísimas especies marinas (seguro que has visto el vídeo de la tortuga a la que le sacan una pajita de la nariz). Según Ocean Conservacy las pajitas suponen un 4% de la basura total que hay en el océano.
Esto supone que todos los días tiramos más de 13 millones de pajitas. Por ello, Greenpeace pide dejar de consumir pajitas y exige a las diferentes administraciones leyes que establezcan la prohibición de estas y otros productos de usar y tirar.