El Ártico, la región polar septentrional de la Tierra centrada en el Polo Norte, ha dejado de ser un espacio remoto y congelado para convertirse en una pieza clave del tablero de la geopolítica global del siglo XXI. Compuesto en gran parte por el Océano Ártico y rodeado por territorios de América, Europa y Asia, este espacio involucra directamente a ocho Estados con presencia soberana o litoral ártico: Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Rusia, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia.
En ese contexto, Groenlandia, la isla más grande del mundo, ocupa un lugar de singular relevancia. Situada entre el Océano Ártico y el Atlántico Norte, constituye un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, aunque geográficamente pertenece a América del Norte.
Aproximadamente el 80 % de su superficie está cubierta por una vasta capa de hielo, y su población apenas supera los 56 mil habitantes. Sin embargo, su valor estratégico, geopolítico y económico es inmenso.
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Groenlandia posee importantes reservas de minerales estratégicos, incluyendo hierro y tierras raras, recursos críticos para la industria tecnológica, energética y militar moderna. Aunque continúa formando parte del Reino de Dinamarca, goza de autonomía desde 1979. Históricamente fue colonizada por pueblos nórdicos y posteriormente administrada por Dinamarca desde el siglo XVIII.
En los últimos años, y con mayor intensidad desde finales de 2025 y lo que va de 2026, las tensiones geopolíticas en el Ártico se han incrementado notablemente. El detonante principal ha sido el interés manifestado públicamente por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en adquirir Groenlandia.
El mandatario ha reiterado la idea en múltiples ocasiones, llegando incluso a sugerir eventuales negociaciones con Dinamarca o iniciativas legislativas orientadas a una posible anexión como territorio estadounidense.
Tanto Dinamarca como las autoridades de Groenlandia han rechazado categóricamente cualquier planteamiento en ese sentido, dejando claro que “Groenlandia no está en venta” y que no existen negociaciones formales sobre una transferencia de soberanía.
Desde la perspectiva estadounidense, el interés en Groenlandia responde fundamentalmente a razones de seguridad nacional y geoestrategia.
La isla ocupa una posición clave en las rutas marítimas y aéreas entre el Atlántico Norte y el Ártico, y forma parte del denominado “GIUK Gap” (Groenlandia–Islandia–Reino Unido), corredor estratégico esencial para la vigilancia y defensa frente a Rusia.
Valentín Rosado Vicioso

