Una república digital



En una república digital el ciudadano tendría un documento de identificación físico que le autentique de forma digital frente a cualquier servicio público o privado que requiera. El mismo documento serviría como fuente de acceso a toda su información personal y sobre sus servicios contratados.
En una república digital el ciudadano tendría acceso seguro a toda la información fundamental que el Estado guarde de él. Las actas de nacimiento serían válidas en forma digital, sin legalización, sin filas, sin papeleos adicionales; los papeles de buenas conducta y de no antecedentes penales se auto-generarían a solicitud del ciudadano; el pasaporte se imprimiría por sí solo contra el pago en línea de la renovación.
Una república digital implicaría un documento de identidad que no vencería y con plásticos físicos que serían renovados con un pago autenticado, donde los vencimientos de documentos importantes como las licencias de conducir serían notificados periódicamente y cualquier acción del Estado contra el ciudadano, como una multa de tránsito, estaría disponible instantáneamente en su interfase de usuario.

La burocracia impide vivir una república digital

En una república digital constituir una compañía tomaría un día, y toda la información relevante sobre ella sería de fácil actualización en línea, y el pago de los impuestos estuvieran directamente vinculados a la interfase del usuario y donde las deudas y créditos fiscales puedan ser pagados o recibidos, según corresponda, de manera instantánea.
Una república digital significa poder firmar y terminar contratos vinculantes y enteramente ejecutorios con un simple click, un mecanismo en línea de publicidad para la protección a terceros, y un proceso simplificado de ejecuciones sin intermediación de alguaciles, notarios o jueces.
Una república digital implica un voto digital para cada ciudadano, una reducción masiva de costos para el Estado, y una vida más simple para usted y para mí. Tenemos una república digital en nombre, pero tanta burocracia nos impide actualmente vivir una república digital real como la tecnología actualmente lo permite. La única barrera para esa realidad perfectamente posible, hoy en día, somos nosotros mismos.