Editorial

Vino, panes y peces

Vino, panes y peces

El Gobierno incurriría en torpeza mayor si permite que la sinrazón suya o ajena convierta el conocimiento en el Congreso del Proyecto de Presupuesto Nacional y Ley de Gastos Públicos  en piedra de discordia y no en peña de consenso.

  Esa ley  constituye el instrumento básico del Estado, Gobierno y sociedad para promover crecimiento económico e impulsar  desarrollo  social, por lo que su contenido y distribución debe reflejar  necesidades  colectivas.

Es obvio que ningún sector social, político o económico puede pretender imponer un punto de vista unilateral o excluyente en torno a la conformación de la Ley de Gastos Públicos, ni nadie  aspirar a lo imposible.

 Temas como  el reclamo de fijar una partida igual al cuatro por ciento del PIB, del financiamiento de la presa de Monte Blanco, más recursos para Salud Pública y viviendas dominan las discusiones en torno al diseño del Presupuesto Nacional, sin que ninguno de los actores  procure mercadear  racionalidad o sensatez.

 Se sabe que  el Presupuesto de 2011 no será nada  holgado, pues  el nivel de financiamiento  se redujo de 115 mil  a 96 mil millones, además de  la imposición de partidas fijas por   28 mil millones de pesos para  la recapitalización del Banco Central y la reducción del agobiante déficit del sector eléctrico.

También es de conocimiento general que el Fondo Monetario Internacional exige que  el déficit fiscal para el año entrante se reduzca de 2.4 a 1.6 por ciento del PIB, lo que significa un drástico recorte a la capacidad de endeudamiento del Gobierno.

Aun así, los 390 mil millones de pesos fijados como ingreso para 2011 deben ser  distribuidos con la misma vocación  de justicia y equidad como lo hizo Jesús con  el vino, los peces y los panes.

Al Gobierno se le reclama no abusar de   su mayoría congresional para imponer un tipo de Presupuesto Nacional que castre  el deseo de la población de  participar como socio activo en todas las gestiones de desarrollo.

Es menester  exigir también a los mentados  poderes fácticos que no cultiven desmesurado sectarismo que en las más de las veces  oculta excesivas ambiciones  económicas o políticas de ciertos grupos.

El Nacional

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