Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Rafael Peralta Romero

¡Vengan a comer!

 

Con su resurrección, Jesucristo dio al mundo la muestra más auténtica de que poseía una condición que ningún otro hombre podía tener: naturaleza divina. En el breve tiempo que permaneció en la Tierra después de salir de entre los muertos pareció empeñarse en que vieran el ser humano que había en Él.
Hizo énfasis en el acto de comer. Cuando estaba fresca la noticia de su resurrección en cada ocasión en que apareció para mostrarse vivo y acentuar algunos conceptos de su predicación, demostró interés por comer. Los evangelios y Hechos de los Apóstoles (1, 3) destacan esta actitud del Nazareno.

Mateo, autor del primer evangelio, no menciona comida cuando cita la aparición a los once discípulos, ocurrida en un monte de Galilea, donde acudieron tras recibir un mensaje de Jesús enviado con María Magdalena, a quien se le había aparecido.

En tanto, Marcos cuenta las mismas circunstancias en que se aparece a Magdalena y que “Después Jesús se apareció a los once discípulos cuando estaban sentados a la mesa, y los reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado”. Ahí comió. (Mc 16,14).

El relato de la presencia de Jesús ante dos prosélitos que caminaban hacia Emaús es bien explícito en detalles sobre la comida. Al llegar a su destino lo invitaron a entrar y a cenar, Jesús hizo el simulacro de que se iba, pero aceptó gustoso la invitación.

“Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”. (Lc. 24,30-31). Es comiendo, con su ritual acostumbrado, como Jesús hace saber que se trataba de su persona. El acto de comer fue un símbolo.

Después de la escena de Emaús, apareció Jesús a los discípulos, reunidos en Jerusalén, y después del saludo preguntó: “¿Tienen aquí algo de comer?”. Le ofrecieron un trozo de pescado asado. Lo tomó y lo comió en su presencia. (Lc 24,41-43). Antes de comer mostró las heridas de sus manos. Con la ingestión de alimentos demostraba que no era un fantasma.

Frente al mar de Galilea se apareció nuevamente a los discípulos. Ellos pescaban. Les vocea: “¿Tienen algo de comer?”. No habían pescado nada. Jesús ordena tirar la red del otro lado de la barca, y llenaron de peces la barca. Cuando salieron a tierra, el Maestro les decía: “Venga a comer”. Él mismo asó panes y pescados. (Juan 21, 5-14).

Este comer de Jesús, tiene, sin duda, un valor simbólico.

El Nacional

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