Editorial

Voluntad ni valor

Voluntad ni valor

La tragedia acaecida ayer en el cruce de Sainaguá, San Cristóbal,  era previsible y evitable, pero las autoridades no prestaron atención a las advertencias de que lo peor ocurriría si no intervenían en los pleitos entre grupos de choferes  por el  control  de  rutas de guaguas desde y hacia la región Sur, que ya había dejado saldo  de numerosos heridos de balas, piedras, machetes y garrotes, así como decenas de vehículos  con cristales destruidos.

Dos personas  murieron y otra resultó herida  en enfrentamiento a balazos entre bandas armadas de la Federación Nacional de Transporte La Nueva Opción (Fenatrano) y de la Confederación Nacional de Transporte (Conatra), una balacera que, por su intensidad y duración pudo causar un mayor número de muertos y heridos.

En vez de  enfrentar las cotidianas acciones de salvajismo que protagonizan esos antisociales, Policía y Ministerio Público optaron por  mediar entre clanes mafiosos que  virtualmente  han tomado  comando de  la autopista 6 de Noviembre y de la mayoría de las paradas de buses  en municipios de San Cristóbal y Baní, donde se han convertido en ley, batuta y constitución.

Esa gente detiene   guaguas públicas  repletas de pasajeros a los que desmontan por la fuerza para luego   agredir a tiros, piedras o con machetes a choferes y cobradores, sin que ninguno de esos rufianes haya sido detenido ni mucho menos sometido a la justicia.

Esa desgracia ha sucedido por la  carencia de autoridad, falta de voluntad o temor  en  frenar las acciones  de terror perpetradas por esas bandas que han puesto a miles de ciudadanos indefensos en  peligro de perder la vida o de  resultar gravemente heridos por el solo hecho de abordar un autobús público.

El saldo de dos muertos y un herido  en una de las frecuentes balaceras  protagonizadas por  grupos incontrolables al servicio de mafias del transporte, ha sido  como muchas otras que ocurrirían sabe Dios cuando, si las autoridades persisten en la irresponsabilidad y cobardía de no enfrentar a esas bandas de delincuentes que azotan  carreteras y comunidades.

En varias notas editoriales, El Nacional ha reclamado sin éxito a la Policía y al Ministerio Público que  protejan a la gente de esas bandas armadas que imponen terror en las carreteras.

 Ahora que   dos personas han caído abatidas a manos de esos truhanes, sólo queda  aconsejar  a los ciudadanos que encomienden sus vidas a Dios, porque aquí parece que no hay voluntad ni valor.

El Nacional

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