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Vuelta a la realidad

Vuelta a la realidad

Orlando Gómez Torres

Han pasado 75 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, desde entonces la paz entre las naciones ha dependido en su base en el compartir un sentido común a todos de lo que es verdadero o falso, un acuerdo en reconocer lo que es esencialmente verdad. En los últimos años ese acuerdo empezó a resquebrajarse y el fin de la Presidencia de Trump es una oportunidad de evitar su colapso.

Las redes sociales se han convertido en el medio de comunicación más formidable que hayamos conocido como especie, y su capacidad de reproducir y difundir informaciones de cualquier tipo a todo tipo de audiencia en cualquier parte del mundo es algo sin paralelo en nuestra historia. Ese gran logro ha venido con un enorme costo.

Bajo la Presidencia de Trump, un mitómano incorregible, el virus de la post-verdad tenía un púlpito erigido en la Casa Blanca, lo que contribuyó a exacerbar un problema que hoy impacta a todas las naciones del mundo en diferentes grados de gravedad. Desde el surgimiento de neo-nazistas en países como Polonia, a los tierraplanistas, hasta nuestros alarmistas del supuesto fusionismo locales, han encontrado amplio espacio para divulgar sus tóxicas y falsas ideas.

Pero las mentiras tienen su límite. No han importado, ni van a importar las fantasías que se fabriquen en la campaña de Trump sobre el resultado de las elecciones del principio de mes, la verdad es difícil de combatir cuando es tan cruel como el resultado electoral en un país como los Estados Unidos. Esa barrera puede ser el fundamento de partida para desmontar las realidades alternativas que se han venido cocinando en la “era de la post-verdad”.

Las personas tienen derecho a su propia opinión pero no a sus propias verdades y ese es un hecho fundamental que no puede ser cambiado con propaganda por las redes sociales, inevitablemente la verdad cobra sus deudas.

Es bajo esa premisa que los que aspiran conservar algún concepto de la verdad deben aprovechar las actuales circunstancias y contraatacar ferozmente a los “hechos alternativos” para volver a una realidad compartida y viabilizar los consensos basados en estas. La paz que hemos construido durante tantos años depende de ello, las soluciones para el mejor mundo al que aspiramos necesitan de ello, la simple idea de poder apelar a un sentido común requiero que ello sea indispensable.

Por. Orlando Gómez
orlando.gomez@gmail.com

El Nacional

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