Han transcurrido 51 años del asesinato del periodista Orlando Martínez, el 17 de marzo de 1975, para que este país exhiba como trofeo el ocupar el primer lugar en la región en materia de respeto a la libertad de prensa.
Pero esa conquista, por más valiosa que sea, no representa en sí misma un homenaje a la memoria del talentoso y valiente periodista, quien prefirió jugarse la vida antes que renunciar a expresar sus ideas.
Esto así, porque la justicia todavía no ha jugado su rol para despejar todas las incógnitas que rodean uno de los crímenes más alevosos de las últimas décadas en el país.
Los presuntos autores materiales fueron condenados, en un juicio con mucho de mediático, pero los intelectuales jamás fueron tocados.
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