Un día domingo de hace 52 años se erigió sobre el firmamento nacional la Raza Inmortal, legionarios de la libertad que integraron la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, gesta en la que la sangre de esos mártires que simbolizaron el más puro ideal marcó el inicio del fin de la tiranía de Trujillo y fue ese noble sacrificio ofrenda perenne a los anhelos de redención y justicia del pueblo dominicano.
El 14 de junio de 1959 aterrizó sobre el aeródromo militar de Constanza un avión pilotado por el venezolano Julio César Rodríguez y el dominicano Juan de Dios Ventura Simó, con 56 expedicionarios, comandados por Enrique Jimenes Moya y José Delio Ochoa. Cuatro días después desembarcó por Maimón el yate Carmen Elisa, con 71 combatientes y por Estero Hondo, la lancha Tinina con 71 expedicionarios.
La empresa patriótica no logró su objetivo militar porque casi todos los combatientes fueron muertos en combate o asesinados después de ser capturados, sobreviviendo sólo los dominicanos Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Francisco Medardo Germán y los cubanos Ochoa y Pablito Mirabal.
Tal inmolación acometida por una legión de combatientes cuyo arrojo y valor ha significado honor y orgullo para sus familias y descendientes, se convirtió en simiente sagrada que germinó el 30 de mayo de 1961 con la decapitación de la tiranía y que será por siempre frondoso árbol que simboliza el auténtico ideal de libertad, democracia y equidad.
Esa gesta fue también una hermosa ofrenda al internacionalismo, pues los 211 dominicanos que formaron parte de la expedición fueron acompañados por abnegados combatientes cubanos (20), estadounidenses (3), venezolanos (13), puertorriqueños (9), españoles (3) nicaragüense (1) y Guatemalteco (1), quienes por igual dieron todo de sí por liberar a la patria de Duarte del yugo tiránico.
Generaciones presentes y futuras están en deber de mantener encendido ese pebetero de la historia que ilumina el porvenir de una nación, cuyos buenos hijos han jurado ante la memoria de la Raza Inmortal, no permitir jamás que cadenas de intolerancia y represión aten su destino, ni que ningún desgobierno pretenda condenar a la población a la perpetuidad del discrimen.
Al conmemorarse hoy el 52º aniversario del arribo de la Expedición del 14 de Junio, de provecho sería que la sociedad dominicana reflexione sobre la trascendencia de ese suceso histórico, y pueda acumular conciencia sobre la necesidad de combatir toda forma de autoritarismo y exclusión social, caudillismo, clientelismo, corrupción, practicas desleales de comercio y otros flagelos, que no fueron conculcados con el ajusticiamiento de Trujillo.
Buenos y verdaderos dominicanos se inclinan hoy reverentes ante los héroes y mártires del 14 de junio, a quienes se expresa eterna deuda de gratitud porque llegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal y con su sangre noble encendieron la llama augusta de la libertad.

