A punto de explosionar



La crisis política de Haití, que ayer se expresó en una multitudinaria manifestación en Puerto Príncipe donde miles de haitianos reclamaron la renuncia del presidente Jovenel Moïse, acusado por el Tribunal Superior de Cuentas de estar en el centro de un esquema de malversación de fondos, forma parte del portafolio de problemas que confronta la sociedad dominicana.

La oposición política, grupos religiosos y de la sociedad civil exigen la dimisión del mandatario haitiano, su traducción a la justicia junto a otros funcionarios de su gobierno y de otras administraciones anteriores por la presunta malversación de más de 3,800 millones de dólares.

El Tribunal de Cuentas publicó un informe de 600 páginas sobre corrupción gubernamental con los fondos del Programa de Asistencia Petrolera de Venezuela (Petrocaribe), en el que se involucra también a Moïse y al expresidente Michel Martelly.

Desde febrero, Haití ha sido convulsionado por violentas manifestaciones con reportes de al menos diez muertos, decenas de heridos y cuantiosos daños a la propiedad pública y privada, lo que agrava la crisis económica y social que padece ese país.

Tan difícil es la situación haitiana que desde hace más de tres meses no hay ministros en funciones, ni presupuesto para el año fiscal, por lo que se teme el estallido de una nueva y grave crisis institucional, dado que el Parlamento ha bloqueado cualquier designación que emane del presidente Moïse.

Es obvio que el agravamiento de la crisis económica, social, política e institucional de Haití se refleja en el espectro dominicano a través del aumento de la inmigración ilegal, la reducción de las exportaciones, y del incremento de riesgo de brotes sanitarios y de enfermedades fitosanitarias.

Es preciso recordar que el tema haitiano no figura de manera predominante en ninguna de las agendas de grandes metrópolis o entidades multilaterales, por lo que el fardo de esa crisis recaerá sobre República Dominicana.

Se sugiere al Gobierno, oposición política y sociedad civil que si les sobra algo de tiempo en sus guerras intestinas, abran algún espacio de atención a lo que sucede hoy en Haití, antes de que solo quede tiempo para colocarse las manos sobre la cabeza.