A rajatabla



El PLD.- 

Cuando Juan Bosch renunció del PRD hace 47 años, ejercía en ese partido un liderazgo absoluto que se extendía a gran parte de la población, por lo que tan difícil decisión solo pudo ser comprendida al anunciar la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), radicalmente diferente de forma y fondo.

Bosch argumentó que ese partido había cumplido su papel histórico, por lo que comenzó a modelar una organización única en América Latina, cuya misión sería completar la obra inconclusa de Duarte, o lo que es lo mismo: conquistar la completa liberación nacional.

Esa decisión no tuvo tinte coyuntural ni se correspondió con algún resabio ni tuvo vínculos con fines personales de corto plazo. El proyecto del PLD se cocinaba en la mente del líder desde ocho años antes en Benidorm, donde escribió las obras cumbres que sustentaron su naturaleza ideológica.

La obra política de Bosch ha sido exitosa si se toma en cuenta que el PLD ha gobernado por 20 años, tiempo durante el cual ha sido protagonista de grandes logros en lo económico, institucional, social, de infraestructura, que han significado avance del espacio democrático.

¿Ha cumplido el PLD su misión histórica? ¿Es posible repetir la historia de Bosch de 1973? Absolutamente no porque ese partido está hoy donde se quiere llegar, que es en el Poder, y porque no están dadas las condiciones para procurar un salto olímpico en el terreno ideológico.

Juan Bosch renunció al liderazgo de un partido de centro izquierda con fuerte arraigo popular para fundar una organización que sería dirigida por una pequeña burguesía reentrenada en el terreno ideológico, especialmente en lo referido a la composición social dominicana.

La realidad política, social y económica de la sociedad y del entorno internacional ha cambiado sustancialmente, lo mismo que la teoría y la praxis para su abordaje, aunque los principios son los mismos que esbozó Bosch en el Congreso Constitutivo Juan Pablo Duarte.

Un grupo numeroso de dirigentes y militantes del PLD renunció en 1979, bajo la creencia de que se había extraviado y girado bruscamente a la derecha. La historia demostró que estaban equivocados porque el partido de Bosch ha sido la organización más exitosa e influyente desde finales del siglo pasado.

Una generación de gente viva y viable ha sido protagonista o testigo de excepción de la renuncia de Bosch del PRD, de la fundación del PLD, de la crisis peledeísta de 1979 y de los sucesos que hoy perturban al partido de Juan Bosch.

Sin dejar de reclamar que el liderazgo peledeísta impulse democracia interna y retome el decálogo bochista como sustento de los principios partidarios, me atrevo a afirmar que el PLD tiene por delante grandes compromisos con la consolidación de la democracia, la soberanía, justicia social, y desarrollo económico.