(Y IV)
Se sobreentiende que defender la vida abarca algo más que los embriones; que es una actitud general que protege la vida en todas sus formas, e instancias.
Los que defendemos la vida no la limitamos a un período especial: el de la gestación, sino a la justicia social que promueve el derecho de todos l@s ciudadan@s de un país a vivir, la educación, salud, trabajo y vivienda, a la seguridad social.
Algo que aprendimos de nuestra militancia en la Juventud Estudiantil Católica, y del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que justamente se creó en la Argentina en 1967, después de la Declaración de Medellín.
Y, es Córdoba, (donde se fundó la primera universidad de la Argentina), donde en 1918 hubo una revolución universitaria y un “Cordobazo”, liderado por obreros de los sindicatos del transporte y la energía eléctrica, que en 1970 inició el desplome de la dictadura militar de Onganía, que se concretó en las votaciones presidenciales de 1973.
Durante el Cordobazo, el Episcopado Argentino publicó el documento de San Miguel, proclamando la Iglesia de los Pobres”, a quienes afirmó amar y defender.
Si me detengo en la historia de Córdoba es porque ahí nació Agustín Laje, hijo de una empleada municipal, no una oligarca; el muchacho que se formó en la Escuela de la Defensa de Washington, en “Antiterrorismo”, eligió como su objetivo combatir al feminismo y a las feministas, y que aquí se presentó como un “católico pro vida” contra las Tres Causales.
Sólo que aquí las que lideran esa lucha no son teóricas del feminismo, son mujeres pobres, mulatas y negras en su mayoría, que no tienen como las clases media y alta la opción de viajar a Miami, o a Panamá, a interrumpir un embarazo si están en peligro de morir.
Y, aunque Laje dice que aquí quien lo trajo fue un “Youtuber” que le pagó los pasajes, es difícil creer que alguien así tenga acceso al Congreso Nacional, y reuniones con los presidentes de ambas Cámaras, si no hubiera un poder detrás de su presencia en el país.
¿Cuál poder? La gente dice que el del Obispo de Bani, Masalles, quien tiene el mérito de haber desplazado a Monseñor López Rodríguez en las antipatías nacionales, con un comportamiento que reniega de la humildad que despliega el actual Arzobispo de Santo Domingo.
Aquí decimos: “Dime quien te defiende y te diré quién eres”. Los casi 300 mensajes de odio que he recibido, después de mi artículo sobre Laje, testimonian la violencia, soberbia, racismo (“eres igual a mi sirvienta, la que me hace los tamales”), (los caribeños comemos tostones), e irracionalidad de sus pro-muerte.
Por: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

