Cualquier explicación será un eufemismo. Lo cierto es que en medio de los choques del presidente Donald Trump con el papa León XIV se trata de un desagravio la audiencia que sostendrá con el pontífice el canciller estadounidense Marco Rubio.
Es probable que Rubio aproveche su visita a Roma para también entrevistarse con la primera ministra italiana Giorgia Meloni, quien después de ser una de las principales aliadas en Europa se ha distanciado del mandatario estadounidense.
Trump encendió la disputa al calificar de débil y terrible para la política exterior la crítica del papa a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
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Y justificó los dardos reivindicando un derecho a disentir que paradójicamente no reconoce a quienes cuestionan sus decisiones.
Ante el efecto en católicos y no católicos de los roces con Su Santidad, Estados Unidos ha entendido que las asperezas hay que limarlas para evitar más rencores.
El cruce con el jefe del Vaticano acentuó la arrogancia que caracteriza las decisiones del mandatario estadounidense. El papa se ha opuesto a la guerra en el golfo que el gobernante estadounidense ha justificado como alternativa para la paz.

