Son las propias autoridades las que han dado la voz de alarma sobre la deficiencia del sistema educativo con los obstáculos que afrontan los estudiantes de bachillerato para concurrir a la primera convocatoria de las Pruebas Nacionales. Al no alcanzar el promedio mínimo de 70 puntos la mayoría, según el Ministerio de Educación, tiene que esperar una segunda oportunidad.
Se sabía que la calidad de la educación estaba por debajo de los estándares, como se ha evidenciado en las evaluaciones de entidades internacionales, pero en modo alguno que la deficiencia podía ser tan alarmante. Y con el riesgo de que la realidad puede ser más dramática todavía.
En teoría todos saben que la enseñanza juega un papel clave en materia de desarrollo económico y social. Pero en términos concretos al sector no se le otorga el lugar que le corresponde en cuanto a la inversión apropiada para evitar índices tan desalentadores como el expuesto por las propias autoridades.
No ha sido sólo este año que la mayoría de los estudiantes de bachillerato ha perdido el derecho a examinarse en la primera convocatoria de las Pruebas Nacionales por no alcanzar el promedio mínimo de 70 puntos en todas las materias. De acuerdo con el viceministro Adalberto Martínez se trata de una realidad que se repite, lo que evidencia el deterioro del sistema educativo.
Si en verdad la cantidad de estudiantes que no se examina en la primera convocatoria de las pruebas porque el promedio no le alcanza es mayor que la que participa, podría estarse ante una gravísima crisis del sistema educativo, pues en lugar de aprovecharse el tiempo se estaría perdiendo.
Lo más conveniente sería que el problema no se tape ni se minimice con excusas, sino que sea abordado con responsabilidad para que la educación pueda jugar el papel que le corresponde como motor del desarrollo económico y social. De hecho, sobran los indicadores que certifican que en materia de enseñanza República Dominicana está de mal en peor.
Al admitir la realidad de los bachilleres con las Pruebas Nacionales, Educación suena un alerta que debe motivar al Gobierno, a los empresarios y a todos los sectores a prestar la debida atención al problema de la enseñanza a todos los niveles. Mejor es que nadie se llame a engaño.

