Editorial

Alerta roja

Alerta roja

El alerta roja declarado por el Centro de  Operaciones  de Emergencia (COE) en más de veinte comunidades ubicadas en la parte baja  de la presa de  El Llagal, en la mina de Pueblo Viejo, Cotuí, debería movilizar a toda la estructura oficial de prevención, socorro y auxilio ante el riesgo de que  colapse el muro de contención de ese embalse y cause una desgracia mayor.

Los intensos aguaceros sobre la zona han provocado al menos tres  grietas en esa presa de cola que construye la multinacional Barrick Gold lo que eleva las posibilidades de  que se desplome y provoque inundaciones y crecidas que arrasarían con decenas de asentamientos humanos.

Aunque  las autoridades han  desplazado de la zona a más de  cinco mil personas, la mayoría obreros y empleados de  la minera, decenas de familias aún permanecen en áreas señaladas como de gran peligro si se derrumba el embalse  que se construye sobre el río  Maguaca, que junto al arroyo Vuelta y otros caudales inundaría también zonas del Bajo Yuna y dañaría los puentes que unen a Cotuí, Maimón, Piedra Blanca, Cevicos y Platanal.

Sin ánimo de alarmar, se señala que el contingente de agua en embalse de la presa El Llagal ya alcanza los 140 metros sobre el nivel  medio del mar, sobre un tope de 182 metros, lo que ha generado un empuje de agua que ha provocado  una falla severa en el estribo izquierdo, que pone en peligro  su estabilidad e incrementa el riesgo de un colapso.

Se menciona también que más de 80 mil tareas de  plátano, cacao, café, yuca, yautía y otros rubros serían arrasados  ante la intensidad y volumen de las aguas, por lo que  es imperativo que  los ministerios de Agricultura y Obras Publicas, así como los institutos de Recursos Hidráulicos (Indrhi) y de Aguas Potables (Inapa), monitoricen la situación, minuto a minuto.

La empresa Barrick Gold ha  desplazado a la mayoría de personal de la zona de riesgo, pero falta saber si de verdad las autoridades tienen control o han aplicado con debido rigor el protocolo de previsión ante  el  peligro de que se accidente el muro de contención de esa presa, cuyas aguas inundarían al menos veinte comunidades ubicadas en su zona de influencia.

No se diga que son exageradas  las expresiones de alarma por el cuadro de peligro que representa  ese embalse agrietado porque  todavía se recuerda el desastre causado por el manejo inadecuado del embalse de la presa de Tavera, cuya repentina apertura causó grandes daños en  barrios  de la zona sur de Santiago y comunidades de la Línea Noroeste.

Lo menos que se espera de las autoridades es que  apliquen con tiempo y  diligencia todas las medidas de prevención que sean posibles, incluido el desplazamiento de familias en zonas de peligro, para  evitar que un posible colapso de esa presa  cause pérdidas de vidas humanas y que el eventual daño material alcance ribetes de catástrofe.

El Nacional

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