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Algo más que salud: Amargo San Valentín

Algo más que salud: Amargo San Valentín

José Díaz

Hará dos meses, luego de muchas llamadas al departamento de alto costo del Ministerio de Salud, fui a ver su director porque tengo un amigo, colega de mucho prestigio, que está muriendo, con mucho dolor, por un cáncer de páncreas, y existe un medicamento, que por su costo solo lo dispensa ese departamento.

Llegué trajeado y con diez copias del expediente, de hace un año. Conozco su director, él dice que somos amigos y fuimos compañeros en el PLD, pero no tomaba mis llamadas. Me paré al lado de la puerta de entrada y dije que solo me movería de allí cuando lo viera. Amablemente, muchos empleados me pidieron que me sentara, y dije “Si no molesto voy a estar de pie aquí hasta que vea al señor director”. Allí, parado, llamé a varios amigos, por si querían sacarme a la fuerza.

Pepín Corripio, el senador Daniel Rivera y Persio Maldonado, me devolvieron; por suerte el senador Rivera logró que el director regresara al departamento y me recibió. Entre lágrimas le dije: “no vengo a pedir nada para mí, ni para un familiar, tengo un amigo que se me está muriendo”. Él me dijo: “No te preocupes, José, eso se resuelve en tres días”. Van dos meses y no lo han llamado.

El medicamento no le salvará, simplemente le ayudará a vivir los últimos años con mejor calidad de vida. ¿A quién recurro ahora?

Paso a diario por la avenida Independencia donde están los escombros de la discoteca Jet Set, y precisamente lo hice en San Valentín. Por lo regular no miro hacia allá evitando amargarme la existencia, pero ese día miré.

Observé un hombre de unos 40 años, alto, de tez oscura, que besaba una foto y depositaba una flor en la acera. No sé si lloraba, pero yo sí lo hice. No cojo cabeza, entre ese hombre y mi amigo, que están dejando morir con dolor, me amargaron San Valentin, y de paso, a “algo más que salud”.