El registro de al menos 36 muertes y los más de cinco mil casos probables de dengue, así como el temor de que la incidencia de ese brote se prolongue al 2010, debería motivar a las autoridades a declarar un estado de emergencia sanitaria antes de que adquiera categoría de catastrófica epidemia.
Hospitales públicos y clínicas privadas reciben centenares de pacientes con cuadros febriles de dengue clásico, mientras se teme que unas mil personas estarían ya infectadas con el tipo de dengue hemorrágico.
El dengue es transmitido a los humanos por el mosquito hembra Aedes Aegypti y en menor proporción por el Aedes Albopictus, que se desarrollan en áreas con agua estancada, incluida la que se almacena en recipientes no cubiertos.
Pediatras y epidemiólogos han advertido sobre la posibilidad de que estén circulando cuatro tipos de cepas, cada vez más resistentes, lo que se refleja en la alta letalidad del virus y la frecuencia con que se presentan los casos.
La Secretaría de Salud Pública está compelida a informar a la población la real magnitud de este inusual brote de dengue clásico y hemorrágico, que ha causado ya decenas de muertes y mantiene abarrotados de pacientes, muchos en estado grave, hospitales y clínicas del Gran Santo Domingo y de numerosas municipios.
A lo menos que se aspira es a que el Gobierno convoque formalmente a la ciudadanía a ser parte proactiva en la tarea de erradicar el dengue, mediante limpieza total de zonas residenciales y vecinales donde se incuba el mosquito vector.
El número de decesos a causa de dengue podría duplicarse, según han advertido médicos y directores de hospitales, por lo que ya no se debería hablar de un simple brote por motivo de temporada de lluvia o sequía, porque el cuadro que se presenta hoy es el de una epidemia en expansión. Detener el avance del dengue es tarea mancomunada del Gobierno y la población.
