Editorial

Angel Miolán

Angel Miolán

La República llora hoy la muerte a los 97 años de don Angel Miolán, uno de sus hijos más amados, acaecida esta madrugada en  el Centro de Otorrinolaringología  y Especialidades, donde el martes había sido sometido a una cirugía de extirpación de la vesícula.

Ha partido al infinito el último de los grandes patriarcas del  siglo veinte, gran adalid de la libertad y de la democracia,  que por toda su honrosa vida  amó a su país tanto como el que más.

Angel Miolán y Reinoso nació en 1912 en Dajabón y sus primeros estudios fueron hechos en Santiago, donde sin cumplir aún los veinte años, formó parte de la primera   conspiración para  decapitar la incipiente tiranía de Trujillo.

Reclamado en extradición por  el régimen que lo había condenado a 90 años de cárcel, Miolán inicia un largo  y aciago exilio, sin debilitar jamás su  proverbial fervor patriótico e indeclinable compromiso de luchar día y noche por la decapitación de la tiranía.

Fundador en La Habana, Cuba junto a    Bosch,  Henríquez y  Jimenes Grullón, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD),  el nombre de Miolán estuvo ligado por décadas en casi todas las cruzadas  contra  tiranos  que aguijoneaban a  Centroamérica y el Caribe.

Una sociedad compungida despide hoy a un gran patriota, valiente, honesto,  culto, solidario, humilde, leal, altruista,  esposo ejemplar, buen padre, buen hijo y buen amigo.

Las generaciones de hoy han de recordar que  don Angel Miolán integró junto a Nicolás Silfa y Ramón A. Castillo la avanzada del PRD que llegó al país el 30 de mayo de 1961 para  promover  el crecimiento y expansión de la incipiente plántula  de la democracia.

Sin importar  su vida ni sosiego familiar, Angel Miolán luchó incansablemente por más de ochenta años por erradicar del suelo patrio toda forma o vestigio de tiranía o intolerancia política.

La egregia figura de  este dominicano   ha sido liberada ya de los designios de la muerte, pues su ilustre nombre,  figura por siempre en el panteón de los inmortales. Paz a sus restos.

El Nacional

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