Joseph Caceres
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Bailes para vampiros
Ya los bailes en los clubes y discotecas de Nueva York no son nocturnos sino de madrugada, tomando en cuenta el hecho de que las agrupaciones musicales que se anuncian en los mismos por lo general se presentan casi todas a las 3:00 de la mañana.
Resulta curioso observar este hecho que ha dislocado la actividad nocturna y el entretenimiento, pues al ritmo que van las cosas, empujando tanto la hora de actuación de las orquestas, cuando vengamos a ver tendremos los bailes a la hora del desayuno.
En otros tiempos los bailes empezaban a las 9:00 de la noche, y de manera paulatina se inició un proceso de tardanza en el inicio de los mismos, que en nuestro país se le atribuye a Fernando Villalona haber iniciado la moda de tocar tarde.
Ya vean por donde andan las cosas.
Los dueños de establecimientos han consentido la situación, pues dicen que de esa manera hacen que el público realice un mayor consumo de bebidas en los establecimientos donde se presentan bailables, pues aducen que la gente se va de los lugares inmediatamente la orquesta anunciada toca. Que por ello prefieren reservar la actuación de las agrupaciones musicales para el final, lo cual les representa una ventaja, como hemos dicho, en el consumo.
El problema está en que si bien es cierto el público joven asume esos bailes trasnochadores, sin importarle la hora, lo mismo no ocurre igual con la gente de edad madura que ya no está en esos «trotes». Con la señalada modalidad se ha creado una división generacional que se evidencia en el hecho de que los más adultos no están yendo a esos bailes.
No es casual que en el día de ayer en Nueva York una presentación vespertina de Fernando Villalona en el yate Infinity estuviera repleta de mucha gente de edad, donde vimos hasta abuelos, que no puede ir a ver al Mayimbe en uno de esos bailes madrugadores.
El hecho debe servir de ejemplo a quienes organizan actividades artísticas, y solo se orientan al público joven. Hay un gran conglomerado de adultos, dicho sea de paso con alta capacidad de consumo, a los cuales nunca se les ofrece ni presenta nada que los lleve a salir de la casa.
Tremendo fallo.

