Violencia de género por partida doble
Cuando los merengueros se agruparon en el colectivo Merengueros Siglo XXl e iniciaron una jornada integral para la exaltación del género musical, declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO, fueron muchos los que aplaudimos la iniciativa creyendo que se había encendido la llama de la reivindicación de nuestra música insignia.
Pero el entusiasmo inicial se ha diluido, y en los últimos dos años la celebración del Día del Merengue, declarado el día 26 de noviembre, ha caído en un letargo penoso, ¿y por qué no? también vergonzoso.
La llama votiva encendida en el altar del merengue hace 4 años, parece que se agotó y se apagó sin remedio, para sorpresa de todos los que la creyeron eterna, sin percatarse de que en verdad eran luces de fuegos artificiales que se detonan en la culminación y cierre de grandes eventos de esos que los turiferarios del arte consagran siempre como “un espectáculo para la historia” en sus crónicas de mermelada, shampoo y anchoitas.
Ni siquiera el Día del Merengue han podido volver a celebrar con el espectáculo que montaban en la Plaza Juan Barón, ni la entrega colectiva de los artistas del género de una ofrenda simbólica en el altar de la Patria.
Lo que se alega es falta de respaldo y patrocinio para la celebración, cuando en verdad en el fondo subyacen las verdaderas razones que dieron al traste con la integración y el entusiasmo que exhibían los merengueros hace dos años.
Aunque siempre estuvo claro que esa identificación colectiva se sustentó en artificios que en todo momento afloraron para desmitificar la esencia de los propósitos que se enarbolaban.
Célebre fue la discusión pública cuando se determinó la exclusión del grupo del “mambero” Omega, al considerarse que no era un “merenguero hasta la tambora”.
Hasta ahí llegó “el palé”, como dicen…
El Fuerte se encuentra en la cárcel, expiando sus culpas, acusado de violencia de género…
La paradoja es que también se le acusa de ser responsable de la situación que ha dado al traste con la unión de los cultivadores y diletantes del género del merengue.
Violencia de género, por partida doble para Omega.

