Al remitir una nota de protesta a Estados Unidos por el informe que coloca a República Dominicana en una lista negra por tráfico de personas, el Gobierno reivindica una dignidad nacional muchas veces lacerada por intereses imperiales.
La Cancillería dominicana envió una carta a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en la que objeta el criterio del Departamento de Estado de que las autoridades nacionales nada hacen para combatir la trata de personas.
Washington pretende erigirse en ombligo del mundo al enjuiciar interés o competencia de otras naciones en temas como derechos humanos, terrorismo, narcotráfico y tráfico de gente, sin permitir que ningún país ni organismos internacionales enjuicien sus propias actuaciones.
Incluir a República Dominicana entre las naciones cuyos Gobiernos alientan o no afrontan el tráfico de personas constituye un abuso incalificable, por lo que la protesta de la Cancillería ha sido justa y necesaria.
Ese informe coloca a Santo Domingo en categoría III, en lo referido a la trata de personas, lo que podría disminuir el volumen de ayuda o asistencia que recibe el país, y una ofensa inaceptable contra una nación que no se cree merecedora de ese trato hostil.
En la nota de protesta, el Gobierno precisa que ha asumido importantes iniciativas para combatir ese flagelo, entre las que cita la creación de una comisión multi disciplinaria y un plan de trabajo, que involucra a todas las áreas del Estado.
República Dominicana ha hecho lo posible para frenar el flujo de indocumentados hacia Estados Unidos y otras metrópolis y, por tanto no merece ni debe aceptar los términos de ese abominable informe de Estados Unidos. ¡Bien por la Cancillería!
Saramago
El escritor José Saramago, tan universal por el Premio Nobel de Literatura con que fue galardonado en 1992 (el primero en lengua portuguesa) como por su inagotable lucha contra las injusticias sociales, priva a la humanidad con su sentido fallecimiento esta madrugada, a los 87 años de edad, de un novelista dotado de singular talento, adherido siempre a las mejores causas.
Saramago es, pese a su ateísmo que lo enfrentó con la Iglesia Católica, uno de esos luminosos referentes en torno a la dignidad y la superación personal. La pobreza no fue un obstáculo para una formación que, como autodidacta, le permitió convertirse en uno de los escritores más influyentes y aclamados del planeta.
El autor de La muerte de Ricardo Reis, El Evangelio según Jesucristo, Caín (su última novela) y muchas otras obras, descansará como él decía que vivía: en la más absoluta paz.

