Editorial

Bofetada jurídica

Bofetada jurídica

No se exagera si se define como monstruosidad jurídica la orden de un juez suplente para liberar al prevenido Raúl Serumberto Reynoso Mota, alias Vantroi, acusado  de participar en 36 asesinatos.

Al ordenar  su libertad, el magistrado José Rosario Hernández  impuso a Vantroi el pago de una garantía económica de  2.5 millones de pesos, impedimento de salida y presentación periódica ante el fiscal.

A pesar de que el Ministerio Público presentó un prontuario criminal atribuido a ese imputado que incluye la posible comisión directa de 15 asesinatos y su  vinculación  en otros 21 homicidios, el juez optó por liberarlo.

Aunque el juez de los indicios no debe  aplicar medidas cautelares desproporcionadas ni que  tengan el efecto de pena anticipada,  en el caso de un individuo imputado de al menos 15 asesinatos, la libertad pura y simple se traduce en monstruosa magnanimidad.

Es verdad que la prisión preventiva tiene carácter excepcional y que la libertad es la condición natural del ser humano, pero  el legislador señala explícitamente los casos cuando el juez de lo preliminar ha de imponer  apremio corporal como medida de coerción, entre los que se menciona la peligrosidad del procesado y  la posibilidad de que  incurra nuevamente en la comisión del crimen imputado.

En el caso  del señor Vantroi la acusación  establece que   entre  2004 y 2005 participó en los asesinatos de cuatro policías, dos miembros de la Fuerza Aérea, uno de la Marina, un bombero y numerosos civiles.

A ese juez de Atención Permanente no le compete establecer la inocencia o culpabilidad del imputado; su misión es revisar los indicios y establecer las medidas cautelares que fueren pertinentes, entre las que sin dudas, debió figurar la prisión preventiva, si se toma en cuenta su extenso historial criminal y evidente peligrosidad.

Tan monstruosa sentencia no  refleja independencia judicial o  por negligencia  del Ministerio Público,  porque es  como una bofetada a la sociedad  dominicana, lacerada por la criminalidad, complicidad y venalidad.

El Nacional

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