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En nuestra más reciente entrega reflexionábamos sobre algunos de los delicados elementos que con relación a su futuro inmediato encara el Partido Revolucionario Moderno (PRM), vía el certamen electoral del 2028.
De manera muy sucinta (entre otros elementos), analizábamos el complejo escenario internacional, el cual, y muy a pesar de desarrollarse del otro lado del planeta no deja de tener repercusión en nuestro lar latinoamericano, de manera muy particular en República Dominicana.
Entendemos, que el mayor reto del PRM de cara al 2028, en donde su camino vía el citado año luce un tanto pedregoso, lo constituye la escogencia de quien será la persona que lo represente en el certamen electoral, y así sustituya al actual Presidente Luis Abinader.
El ácido escenario que desde algunos litorales hemos venido observando, en donde, por ejemplo, en las provincias Santiago de los Caballeros, Hermanas Mirabal, Duarte, La Romana, San Juan de la Maguana y otras, sus dirigencias que responden a ciertas estructuras interna, han tomado el proselitismo interno como si fuera una guerra abierta, y en donde hasta hemos escuchado decir aquella muy famosa frase: «mejor que entre el mar», y que fuera atribuida al periodista y político español Blanco Ibáñez.
Los perremeistas deben saber actuar con elegancia. Aplicar la inteligencia político-emocional. Unificar criterios en torno al ideal supremo que en estos momentos es el mantenimiento del poder.
Para esto, los oficialistas deben saber elegir la persona correcta que los representará en la boleta presidencial. No es «paja de coco» a lo que se enfrentan; es una muy delicada tarea, pues con ella se juegan no solo el cargo, sino el buen futuro de una entidad que se ha construido sobre los pilares de ciertas debilidades que necesitan ser reforzadas y que a lo mejor más adelante analizaremos.

